
Francia registra un desplome del 17,6% en las ventas de indumentaria, mientras Italia también muestra fuertes retrocesos. La pérdida de poder adquisitivo, los costos crecientes, las protestas sociales, los disturbios y la competencia asiática están golpeando al comercio y a la industria textil europea.
La industria textil, las confecciones y el comercio de moda de Europa atraviesan una situación preocupante. Francia se ha convertido en uno de los casos más graves: durante septiembre de 2026, las ventas de indumentaria en establecimientos físicos se desplomaron un 17,6% respecto del mismo mes del año anterior, según la Alianza del Comercio.
A su vez, el Instituto Francés de la Moda confirmó una contracción del 15%. Son cifras alarmantes para un período decisivo en la comercialización de las colecciones de otoño e invierno.
Los empresarios advierten que el problema ya no es solamente vender menos, sino evitar el cierre de empresas y la destrucción de empleos.
El deterioro también alcanzó al comercio electrónico, cuyas ventas retrocedieron un 15,9%. La combinación de consumidores con menor capacidad de compra, incertidumbre económica y temperaturas excepcionalmente elevadas provocó una caída generalizada de la demanda. Septiembre fue el segundo más cálido registrado en Francia desde 1900.
Las consecuencias son especialmente graves para las pequeñas y medianas empresas. Los comercios acumulan mercaderías de invierno, enfrentan problemas de liquidez y podrían verse obligados a anticipar liquidaciones con descuentos que reduzcan todavía más sus márgenes de rentabilidad.
A esta situación se suman las manifestaciones, huelgas y episodios de violencia urbana que afectan la actividad comercial. Las interrupciones del tránsito, el cierre preventivo de establecimientos y los daños ocasionados durante determinados disturbios agravan las dificultades de comerciantes que ya soportan alquileres, salarios, energía y otros costos crecientes.
La conflictividad social introduce además un factor de incertidumbre para los consumidores, particularmente en los centros comerciales y las principales arterias de las grandes ciudades.
El balance actualizado de las cámaras de comercio francesas confirma la magnitud del problema: las manifestaciones del 17 y 24 de octubre dejaron 2.538 establecimientos afectados, de los cuales 1.161 sufrieron saqueos, destrozos graves o incendios. Además, centenares permanecían cerrados días después. Durante las jornadas de protesta, las ventas de los comercios céntricos llegaron a caer un 80%, según CCI France.
La Alianza del Comercio, que representa 16.000 puntos de venta y más de 150.000 trabajadores, reclamó al Gobierno francés medidas extraordinarias, entre ellas facilitar la apertura dominical durante noviembre y diciembre y ampliar las ayudas económicas a los establecimientos damnificados.
Italia también enfrenta una situación delicada. Según Federazione Moda Italia-Confcommercio, las ventas de moda retrocedieron un 4,7% en septiembre respecto de 2025 y el 48% de los comercios relevados registró disminuciones de facturación. Otro relevamiento del consumo italiano señaló una caída del 7,1% en indumentaria y accesorios.
Los problemas italianos no se limitan al comercio. El observatorio CRIF advirtió que la tasa de incumplimiento crediticio de las empresas textiles y de indumentaria pasó del 3,3% en diciembre de 2023 al 4,8% a fines de 2025, reflejando el deterioro financiero de numerosos fabricantes.
También Milán, capital internacional de la moda, sufrió disturbios y saqueos durante las manifestaciones de octubre. Comercios de indumentaria y artículos deportivos fueron atacados, mientras se registraron incidentes en Turín y Bolonia.
En Alemania, España y otros mercados europeos, las dificultades presentan distinta intensidad. Eurostat informó que las ventas minoristas de la Unión Europea apenas crecieron un 0,1% en agosto respecto de julio, mientras Alemania, Italia y España registraron retrocesos interanuales. En el Reino Unido, las ventas minoristas bajaron un 0,4% en septiembre y los comerciantes señalaron dificultades para vender las colecciones de invierno debido al clima cálido y la cautela de los consumidores.
A esta compleja situación se agrega la competencia de plataformas asiáticas como Shein y Temu, cuyos precios reducidos presionan a los fabricantes y comerciantes europeos, sujetos a mayores exigencias laborales, ambientales y regulatorias.
Los analistas advierten que la crisis amenaza con extenderse a toda la cadena productiva. Cada comercio que cierra significa menos pedidos para confeccionistas, fabricantes textiles, talleres y proveedores. Por esto el gran desafío europeo ya no consiste solamente en recuperar el consumo, sino en impedir que una prolongada crisis comercial termine destruyendo capacidad industrial, empresas y miles de puestos de trabajo.
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