Industria

Reclaman a Trump que apoye a las industrias textil y de la confección en los E. Unidos

Fabrica de confecciones en los EE.UU.

Los fabricantes textiles, las marcas de ropa y los minoristas estadounidenses reclaman a la administración Trump un urgente programa de incentivos comerciales para el sector. La propuesta busca el resurgimiento de la industria textil y de la confección en Estados Unidos, expandir sus exportaciones y reforzar las cadenas de suministro en todo el hemisferio occidental.

En una presentación ante la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) en relación con las medidas propuestas en virtud de la Sección 301 sobre productos elaborados con trabajo forzoso, cuatro importantes asociaciones industriales han respaldado públicamente, por primera vez, una iniciativa común de política comercial, a pesar de mantener tradicionalmente posiciones diferentes en materia de comercio.

El programa propuesto permitiría a las marcas y minoristas de ropa obtener créditos arancelarios mediante la compra de textiles fabricados en Estados Unidos y prendas de vestir que cumplan los requisitos, procedentes de determinados países del hemisferio occidental con los que Estados Unidos mantiene acuerdos de libre comercio. Estos créditos podrían utilizarse para compensar los posibles aranceles del artículo 301 sobre las importaciones de países elegibles.

Según la propuesta conjunta, el programa de incentivos tiene como objetivo fomentar la relocalización de la producción, fortalecer las cadenas de suministro regionales de textiles y prendas de vestir, y apoyar la diversificación del abastecimiento en un momento de creciente incertidumbre geopolítica y en las cadenas de suministro.

Las organizaciones estiman que la iniciativa podría crear más de 56.000 nuevos empleos en Estados Unidos, además de estimular miles de millones de dólares en inversión nacional. El aumento de las exportaciones de textiles estadounidenses también beneficiaría a toda la cadena de suministro, incluidos los productores de algodón.

De implementarse, el programa podría duplicar las exportaciones textiles estadounidenses al hemisferio occidental, alcanzando un valor anual estimado de 29 mil millones de dólares. Los grupos consideran que este crecimiento contribuiría a la reapertura de plantas de fabricación, impulsaría la inversión en nueva capacidad de producción y reforzaría la competitividad del sector textil estadounidense.

La propuesta se elaboró en respuesta a un mecanismo textil presentado por la USTR durante sus investigaciones en curso en virtud de la Sección 301 sobre prácticas comerciales relacionadas con el trabajo forzoso.

La solicitud conjunta fue presentada por el Consejo Nacional de Organizaciones Textiles (NCTO), la Asociación Estadounidense de Ropa y Calzado (AAFA), la Asociación de la Industria de la Moda de los Estados Unidos (USFIA) y el Instituto Estadounidense de Telas Industriales y Estrechas (USINFI).
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Knitting Industry / Comunidad Textil
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Los conflictos globales ponen tensión en la producción, el comercio y hieren al consumo

Conflicto en el Estrecho de Ormuz.

La industria mundial de la indumentaria está ingresando en una etapa de mayor complejidad, marcada por conflictos geopolíticos, incertidumbre comercial, desaceleración del consumo en los principales mercados desarrollados y riesgos para los puestos de trabajo.

Para fabricantes, exportadores y marcas, el desafío ya no consiste únicamente en competir por precio o calidad, sino en operar en un contexto donde las reglas del comercio cambian con rapidez y la demanda pierde dinamismo.

Las tensiones en Oriente Medio, la guerra entre Rusia y Ucrania y otros conflictos regionales continúan afectando la estabilidad de las cadenas logísticas internacionales. A ello se suma el incremento de los precios del petróleo, que repercute directamente en el costo del transporte marítimo, terrestre y aéreo, así como en el precio de numerosas materias primas derivadas de los hidrocarburos utilizadas por la industria textil y de la confección.

En las últimas semanas, el costo de transportar un contenedor de 40 pies entre China y el Mediterráneo aumentó cerca del 50%, alcanzando valores similares a los registrados durante la crisis del Mar Rojo. El temor a nuevas interrupciones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz o Bab el-Mandeb -en el ingreso al Mar Rojo- ha llevado a importadores estadounidenses y europeos a adelantar compras para asegurar abastecimiento antes de posibles nuevas restricciones logísticas y comerciales. Pero el futuro cercano esta marcado por la incertidumbre.

Sin embargo, el principal problema ya no es únicamente el transporte. Los indicadores de consumo muestran una pérdida gradual del poder adquisitivo de los hogares tanto en Estados Unidos como en Europa. La inflación acumulada de los últimos años, el aumento de los costos energéticos y las elevadas tasas de interés continúan limitando el gasto de los consumidores. En Estados Unidos, las ventas minoristas crecieron apenas un 0,2 % en junio, mientras que las ventas de tiendas de ropa descendieron un 0,3%, reflejando una mayor prudencia en las compras. En la Unión Europea, las importaciones de prendas de vestir cayeron casi un 10% entre enero y mayo, una señal de que los grandes compradores están reduciendo pedidos y administrando con mayor rigor sus inventarios.

Las empresas de moda también enfrentan nuevas exigencias regulatorias. La prohibición de destruir prendas y calzado no vendidos, que comienza a aplicarse en la Unión Europea para las grandes compañías, obliga a planificar mejor las compras, reducir excedentes y acelerar la reposición de productos. El resultado es una tendencia hacia pedidos más pequeños, entregas más frecuentes y una mayor presión sobre toda la cadena de suministro.

A este escenario se agrega otro factor de incertidumbre: la política comercial de Estados Unidos. La administración de Donald Trump continúa modificando aranceles y condiciones de acceso a su mercado, generando un clima de inestabilidad que dificulta la planificación de importadores y exportadores. Más allá de algunos acuerdos bilaterales, como el recientemente implementado entre India y el Reino Unido, las decisiones unilaterales sobre tarifas aduaneras están debilitando la previsibilidad que durante décadas caracterizó al comercio internacional y poniendo bajo tensión el sistema de reglas construido en el marco de la Organización Mundial del Comercio.

Como consecuencia, numerosas empresas estadounidenses y europeas decidieron adelantar importaciones para evitar posibles incrementos arancelarios y nuevos aumentos de los costos logísticos. Esta estrategia explica el fuerte crecimiento del movimiento de cargas en los puertos norteamericanos durante los últimos meses, pero también incrementa la presión sobre la capacidad de transporte y contribuye al aumento de los fletes.

Todo indica que los próximos meses estarán marcados por un contexto de mayor volatilidad. Diversos fabricantes europeos ya anticipan aumentos de entre el 10% y el 20% en los costos de producción para las colecciones del próximo año, impulsados por el encarecimiento de la energía, el transporte y las materias primas.

Frente a este panorama, las empresas de indumentaria deberán extremar la planificación, monitorear permanentemente la evolución de los mercados y administrar con mayor precisión sus inventarios. La competitividad seguirá siendo importante, pero la capacidad de adaptarse rápidamente a un escenario internacional cambiante será, probablemente, el principal factor de éxito para la industria en los próximos años.

Pero ninguno de estos disturbios pasará sin dejar huellas. La actual caída del consumo a lo ancho del mundo no muestra una compra más selectiva de bienes sino claramente un notoria baja en la calidad de vida de la población mundial. Esta pérdida del ‘estado de bienestar’ en los países desarrollados y de puestos de trabajo -sea industriales como comerciales- en todo el universo es una situación que debe generar preocupación.
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Fibre2Fashion / La Conceria / Comunidad Textil

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China ya no paga salarios de miseria, tiene un sistema de competitividad extrema en un mundo que rompió las reglas

Cada vez que una fábrica textil o de confecciones cierra en América Latina, la explicación suele repetirse casi como un dogma: “es imposible competir con China porque allí los trabajadores cobran salarios miserables”. Sin embargo, esa afirmación ya no refleja la realidad de la mayor potencia manufacturera del planeta. Entonces, en un mundo que aplica aranceles que enterraron las normas del comercio internacional, A. Latina tiene que recuperar la iniciativa.

La producción china, por su magnitud y desarrollo, ha llegado a una eficiencia y escala nunca registrada en la historia de la industria. Por esto, es preciso que los países que quieran preservar sus industrias recuperen la iniciativa y activen mecanismos eficientes, tomando en cuenta que los EE.UU. y gran parte del mundo han resuelto que la OMC ya no existe.

Actualmente, un operario industrial chino percibe ingresos que, según la región y la especialidad, oscilan entre los US$ 800 y los US$ 1.100 mensuales. En los costos laborales pesan también los aportes patronales obligatorios destinados a jubilación, salud, seguros y fondos de vivienda, que incrementan el costo laboral entre un 30% y un 40%. Eso sí, en numerosas fábricas, además, los trabajadores reciben alojamiento, alimentación y transporte subsidiados, si provienen de zonas alejadas.

No se trata, por lo tanto, de una estructura basada exclusivamente en mano de obra barata. La verdadera ventaja competitiva de China comenzó a construirse hace más de tres décadas mediante una política industrial de largo plazo. Mientras buena parte de Occidente trasladaba su producción a Asia buscando reducir costos, el gigante asiático aprovechó ese proceso para desarrollar el ecosistema manufacturero más grande y eficiente del mundo.

Hoy, las principales regiones productoras de calzado concentran miles de empresas que producen a muy grande escala –y por lo tanto a precios ultracompetitivos- fibras, hilados, tejidos, avíos, maquinaria, moldes, confecciones, químicos, envases y toda la gama productos y servicios que requiere una fábrica. Esa integración de toda la cadena permite reducir tiempos, minimizar costos de transporte, acelerar el desarrollo de nuevos productos y producir millones de pares con una eficiencia difícil de igualar.

A ello se agregan infraestructura de primer nivel, puertos altamente eficientes, energía relativamente competitiva, una fuerte incorporación de automatización y una productividad que continúa creciendo año tras año. Esa combinación explica gran parte de la diferencia de costos.

Hasta hace poco, las investigaciones internacionales por subsidios estatales o prácticas de dumping en determinados sectores se podían dirimir en el seno de la Organización Mundial del Comercio, OMC, para aplicar derechos compensatorios o medidas antidumping. Sin embargo, en los tiempos resientes los Estados Unidos y los países europeos, grandes mentores de la organización, han puestos sus reglas en desuso. En el futuro habrá que estudiar cómo se sostiene el comercio internacional, que desde el viejo GATT buscaba infructuosamente alcanzar algún tipo de armonía.

Sin embargo, reducir toda la ‘competitividad china’ a la concreción de prácticas de dumping es desconocer la magnitud de su transformación industrial, por lo tanto es hora de buscar soluciones puertas adentro de los países. Y aquí, especialmente, nos ocupa -y preocupa- América Latina.

En numerosos países de la región, las industrias enfrentan elevadas cargas tributarias, costos financieros muy superiores a los de sus competidores, infraestructura insuficiente, presión burocrática, elevados costos logísticos y, en algunos casos, políticas cambiarias que abaratan artificialmente las importaciones y encarecen la producción local. El resultado es que empresas medianas o pequeñas terminan compitiendo, prácticamente sin herramientas, contra conglomerados que producen para mercados de cientos o miles de millones de consumidores.

Frente a ese escenario, la solución no puede ser empobrecer a los trabajadores reduciendo salarios para acercarse a los costos asiáticos. Una economía con salarios deprimidos también tiene consumidores más pobres, menor demanda interna, menos inversión, menor capacidad de innovación y no puede planificar un futuro de crecimiento. La competitividad basada únicamente en bajos ingresos laborales suele convertirse en una carrera que nunca puede ganarse.

El verdadero desafío consiste en aumentar la productividad sin deteriorar el nivel de vida de sus trabajadores. Eso requiere reglas de juego estables durante décadas, financiamiento a bajo costo para invertir en tecnología, infraestructura moderna, simplificación administrativa, una estructura tributaria que distribuya de manera más equitativa la carga fiscal y una administración racional del comercio exterior.

Las pequeñas y medianas empresas -que generan la mayor parte del empleo industrial en América Latina- necesitan un entorno que incentive la inversión y la formalización, mientras que el combate a la evasión y la revisión de beneficios fiscales injustificados deberían permitir que el esfuerzo tributario no recaiga desproporcionadamente sobre quienes producen, invierten y generan trabajo.

La discusión tampoco debería limitarse a la apertura o al cierre de las importaciones. Los países tienen derecho a utilizar mecanismos de defensa comercial cuando existen daños comprobados para sus industrias. El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la competencia internacional y la preservación del entramado productivo nacional, especialmente en los sectores de uso de mano de obra intensiva.

La experiencia china deja una enseñanza que muchas veces pasa inadvertida: ningún país construyó una potencia industrial reduciendo los salarios de sus trabajadores y la seguridad social. Lo hizo invirtiendo en productividad, infraestructura, innovación, educación, ciencia y tecnología, y planificación de largo plazo.

Quizás esa sea la principal reflexión para América Latina. La discusión no debería centrarse en cuánto gana un obrero chino, sino en qué políticas públicas permiten que una empresa latinoamericana pueda competir, invertir y crecer sin perder rentabilidad y, al mismo tiempo, ofrecer empleos de calidad. Solo así será posible sostener una industria textil, de confecciones y moda capaz de enfrentar con éxito los desafíos de una economía cada vez más globalizada.
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Financial Times / ayg-group / Msure / ebs.publicnow / Comunidad Textil

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La última fábrica de telas de Uruguay enfrenta con calidad la competencia del importado

Diego Longo con sus máquinas en la planta de Megatex.

Megatex es la única empresa uruguaya que puede producir telas. El sector fue perdiendo fuerza a partir de la década del 90 y actualmente tiene que enfrentar un nuevo desafío: las prendas importadas de bajo precio que ingresan a través de plataformas como Shein o Temu. A pesar de las adversidades, “no sé cómo pero seguimos” afirma el dueño de la firma.

Diego Longo, director de Megatex, llegó a tener 25 máquinas tejedoras. Hoy solo conserva 11 de las cuales se encuentran funcionando cuatro o cinco. Su capacidad de producción es de 100.000 kilos de tela por mes pero “el problema no es la capacidad, es que no hay quién compre” explicó el empresario.

La empresa, fundada en 1989, formaba parte del entramado industrial textil del Parque Industrial del Cerro ubicado en la parte oeste de Montevideo. “Había de todo”, recuerda Longo. “Empresas que hacían tejidos planos, lana, acrílicos, algodón”. Pero a fines de los ‘90 comenzaron a llegar las importaciones, primero de tela y luego de producto terminado. Eso generó un cierre masivo de fábricas textiles y Megatex quedó sola en el predio.

“Sería bueno tener competencia. Cuando trabajamos todos es porque el sector está vivo. Ahora somos sólo nosotros” afirma el fabricante. “Necesitamos que la industria uruguaya se empiece a mover otra vez”.

Longo comprendió que no podía competir con los productos chinos en precio y apostó, para mantener su fábrica abierta, a la calidad y los tejidos orgánicos. Megatex ofrece telas que no tienen otros proveedores: algodón peinado, bambú, cáñamo, lino, lana merino uruguaya y mezclas de fibras naturales.

“Una remera importada puede costar dos dólares si llega en un contenedor desde Asia. Una confeccionada con algodón peinado uruguayo cuesta aproximadamente el doble. Pero es otra cosa. Los clientes que llegan a la fábrica, saben que no vienen por precio, sino por calidad” resaltó.

Además de la producción de telas de alta calidad, la empresa incorporó la impresión digital sobre algodón, lana, bambú y cáñamo. Sus procesos de impresión son sustentables, libres de químicos y ofrecen una propuesta que, todavía, no ofrecen los proveedores chinos.

La fábrica sobrevive a este contexto adverso a fuerza de adaptarse a las necesidades de los clientes. “Si hay que fabricar la tela de cero, se crea. Si hay que armar el diseño con tela de afuera, se arma. Si hay una idea, por pequeña que sea, habrá entonces una nueva cápsula de diseño local” señaló Longo.

“Es difícil, pero hay que apostar. Hay gente que todavía quiere trabajar acá” afirma el empresario que logró un modelo de negocios que trata de resistir la tormenta de las importaciones con calidad y procesos sustentables.
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El observador / Comunidad Textil

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La producción de confección y calzado lidera las caídas en la industria de España

La industria española de la moda comenzó 2026 con un fuerte retroceso productivo y los sectores de la confección y el calzado fueron los más afectados. Según los últimos datos del Índice de Producción Industrial (IPI) la fabricación de prendas de vestir cayó un 22,9% interanual en enero, mientras que el sector textil también inició el año en terreno negativo, aunque con una baja más moderada del 7,2%.

En todos los casos, las caídas del sector indumentaria están muy por encima de la contracción registrada por el conjunto de la industria española, que fue del 2,7%, respecto de enero de 2025. En el caso de la producción de cuero y calzado esta se desplomó un 27,7%.

De esta manera, los tres grandes segmentos de la industria de la moda española comenzaron el ejercicio con caídas generalizadas, reflejando un escenario de debilitamiento de la actividad manufacturera tras un 2025 marcado por la volatilidad.

La confección mostró un cambio especialmente brusco. Un año antes, el subsector había registrado un crecimiento del 11,9%, mientras que ahora enfrenta una fuerte contracción, atribuida a una menor demanda y a un entorno económico aún condicionado por la incertidumbre internacional y el menor dinamismo del consumo. En el caso del calzado, el descenso profundiza una tendencia negativa que ya se había observado durante el año pasado.

A pesar del panorama interanual, las estadísticas también muestran una señal positiva. En comparación con diciembre de 2025, la actividad industrial repuntó en los tres segmentos: la producción textil aumentó un 13,1%, la confección un 17,4% y el cuero y calzado un 5%. Sin embargo, esta recuperación mensual todavía no alcanza para revertir el deterioro observado en la comparación anual.

El comportamiento de estos indicadores será seguido de cerca por fabricantes y proveedores durante los próximos meses, ya que marcará el pulso de una industria estratégica para España, donde el textil, la confección, el cuero y el calzado continúan siendo importantes generadores de empleo, exportaciones y valor agregado.
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Modaes / Fashion United / Comunidad Textil
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La industria del Brasil busca defender y capitalizar la suba que vive su mercado interno

Brasil es uno de los grandes productores de confecciones de A. Latina.

La industria textil y confeccionista de Brasil enfrenta en 2026 un escenario complejo. Mientras las importaciones de indumentaria crecieron 19% en el primer trimestre y alcanzaron niveles récord impulsadas principalmente por productos chinos, las exportaciones textiles brasileras aumentaron 11,6%, reflejando una recuperación parcial del sector en medio de una fuerte presión competitiva internacional.

Entre enero y marzo, Brasil importó ropa por unos US$ 809 millones, con un fuerte predominio de prendas de fibras sintéticas, artículos de punto y productos vinculados al fast fashion. China consolidó aún más su liderazgo como principal proveedor externo y ya concentra más de la mitad de las compras de indumentaria realizadas por el país.

Los segmentos más afectados por este avance importador son los vinculados a prendas de bajo precio y athleisure, donde la industria local encuentra mayores dificultades para competir frente a la escala y los costos asiáticos. Pantalones, camisetas, shorts y abrigos lideraron el ingreso de productos importados durante el período.

El crecimiento de las plataformas internacionales de comercio electrónico y una mayor sensibilidad del consumidor al precio profundizan además la presión sobre las empresas brasileras, que se ven obligadas a acelerar inversiones en automatización, diseño, sostenibilidad y diferenciación de producto.

A pesar de este contexto, Brasil mantiene su posición como la mayor potencia textil de América Latina. La cadena textil-confeccionista factura más de R$ 200.000 millones anuales y genera millones de empleos en toda su estructura productiva.

En paralelo, las exportaciones del sector muestran señales positivas. Durante el primer cuatrimestre de 2026, los envíos textiles crecieron alrededor de 11,6%, impulsados principalmente por ventas de denim, tejidos y prendas básicas hacia mercados como Estados Unidos, Argentina y Paraguay.

El escenario plantea un desafío estratégico para la industria brasilera: sostener competitividad frente al avance de las importaciones chinas sin perder capacidad industrial, empleo ni valor agregado en uno de los sectores manufactureros más importantes de América Latina.

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Colombia: las exportaciones de prendas de vestir suben un 7% en el 1er. cuatrimestre

Fábrica de confecciones en Colombia.

Según datos aportados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) de Colombia, las ventas al exterior de prendas de vestir alcanzaron los US$ 37,6 millones en abril y una suba del 1,3%, sumando un 7,1% en los primeros cuatro meses de 2026..

La exportación de moda colombiana mantiene un buen ritmo de crecimiento en lo que va del año, si se analiza en promedio. En enero, el incremento de las ventas al exterior llegó al 14,6%, cayó 9,9% en febrero, en marzo el alza fue del 2.4% y en abril, que es el último mes del que se han publicado datos, el aumento de las exportaciones fue de solo el 1,3%.

Para lo que resta del año, la industria textil y de confección de Colombia proyecta un panorama de consolidación moderada, estimando una expansión sectorial cercana al 7%. De acuerdo a los análisis de Inexmoda y Analdex, las exportaciones estarán apenas por encima del promedio histórico de US$ 770 millones anuales.

En cuanto a las exportaciones de cuero curtido, artículos de viaje, maletas y bolsos, abril mostró una caída de 27,5%. Como contrapartida, las ventas al exterior de calzado arrojaron un alza de 5,7%.
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Modaes / Comunidad Textil

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La industria italiana acuerda la necesidad de modernizar los procesos productivos

Fábrica de confecciones.

Recientemente se realizó en Milán, Italia, el Congreso Internacional SAMAB 2026, en el cual se debatió que la industria mundial de la moda continúa expandiéndose y acelerando su transformación tecnológica, pero que este país enfrenta crecientes señales de pérdida de competitividad.

El encuentro, organizado por SAMAB International Congress 2026, reunió a representantes de toda la cadena de valor italiana para conversar sobre inteligencia artificial, automatización, industria 4.0, sustentabilidad y nuevos procesos productivos aplicados a la moda.

Ese fue uno de los principales ejes debatidos durante, donde empresarios, fabricantes, diseñadores y referentes del sector analizaron el futuro de la producción de moda y el desafío de sostener el liderazgo del “Made in Italy”.

Durante el evento se destacó que el sistema moda italiano alcanzó en 2025 una facturación de € 87.400 millones, mientras que el sector de indumentaria generó € 40.000 millones y exportaciones por € 27.300 millones. Italia mantiene además cerca de 37.100 empresas activas en confección y más de 196.700 empleos directos.

Sin embargo, referentes de la industria advirtieron que el país está perdiendo terreno frente a competidores más ágiles y tecnológicamente avanzados. Desde Confindustria Moda señalaron que la caída de la demanda global, los altos costos energéticos y las tensiones internacionales están obligando a las empresas italianas a redefinir estrategias productivas.

El presidente de la Camera Nazionale della Moda Italiana, Carlo Capasa, incluso reconoció recientemente que Italia “ha perdido una industria”, en referencia al progresivo debilitamiento de parte de la producción local.

Frente a este escenario, SAMAB dejó un mensaje claro para los empresarios textiles y confeccionistas, en el sentido que el crecimiento global de la moda seguirá impulsado por la innovación tecnológica, la digitalización y la eficiencia industrial. Para Italia, y es una importante advertencia para la industria de América Latina, el desafío ya no pasa solamente por diseñar productos de calidad, sino por modernizar procesos productivos, integrar inteligencia artificial y recuperar competitividad en un negocio cada vez más globalizado.
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SAMAB / Comunidad Textil

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Argentina: el último informe de la CIAI marca la dramática situación que vive el sector

Industria confeccionista Argentina.

El último relevamiento sobre la situación de la industria confeccionista, la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), correspondiente al segundo bimestre de 2026, muestra que el sector vive una de las crisis más profundas de los últimos años, debido a una caída sostenida del consumo, de aumento de stocks, de dificultades financieras y la imposibilidad de trasladar los costos a sus precios.

El informe confirma que las ventas continúan en retroceso y que la recuperación del mercado interno no se percibe en un horizonte cercano y que puede seguir cayendo.

Durante el último bimestre, las cantidades vendidas registraron una caída interanual del 7%, acumulando más de dos años de resultados negativos. De los últimos 14 bimestres relevados, 13 mostraron bajas y ya se contabilizan seis períodos consecutivos de contracción.

La situación afecta a la mayor parte del entramado industrial. El 59% de las empresas declaró haber sufrido caídas en sus ventas, mientras que apenas el 35% logró registrar algún nivel de aumento. Aunque ciertos indicadores muestran una leve mejora respecto del relevamiento anterior -que fue muy malo-, la percepción general del sector continúa siendo crítica.

La principal preocupación sigue siendo la falta de demanda, dado que el 81% de las empresas identifica la caída del consumo como el problema más grave que enfrenta actualmente la industria, por encima incluso de cuestiones vinculadas al financiamiento o los costos productivos. La debilidad del mercado interno genera además una fuerte presión sobre la rentabilidad, ya que las empresas encuentran crecientes dificultades para actualizar precios en línea con sus costos. Esto sucede en un contexto de fuertes aumentos de la energía y otros servicios, sumado a la suba de precios de las materias primas debido al contexto general del mundo.

Por esta baja en la demanda, nueve de cada diez compañías tampoco no logran trasladar ni siquiera la mitad de los incrementos salariales a los precios finales. El informe muestra que un 50% de las empresas directamente no pudo trasladar aumentos de costos laborales y otro 38% sólo consiguió absorber parcialmente esos incrementos.

La combinación entre caída de ventas y menor rotación comercial está generando además una fuerte acumulación de mercaderías. El 52% de las empresas declaró tener niveles de stock excesivos, cuando un año atrás ese porcentaje ya era del 24%.

Este fenómeno comienza a impactar también sobre la cadena de pagos, donde aumentan las tensiones financieras dentro del sector. Según la encuesta de la CIAI, el porcentaje de empresas con atrasos frecuentes en pagos saltó al 29%, lo que representa un incremento de 15 puntos porcentuales respecto de períodos anteriores. Apenas el 25% de las firmas asegura no registrar atrasos significativos. El deterioro del escenario económico también sigue afectando al empleo.

La mayoría de las compañías continúa aplicando medidas de ajuste laboral sin señales claras de recuperación. Las estrategias más utilizadas son las renuncias no reemplazadas, que representan el 30% de las medidas adoptadas, y los despidos, que explican otro 20%. En cuanto a las expectativas hacia adelante, el clima empresario permanece estancado.

Un 34% espera una situación mala o muy mala dentro de las expectativas respecto de la economía general del país. Además, el 61% de las compañías considera que las ventas no mejorarán en los próximos tres meses, reflejando la ausencia de perspectivas claras de recuperación en el corto tiempo. En tanto el 54% de las empresas mantiene expectativas “regulares”, y apenas el 13% cree en un escenario positivo.

Para empresarios textiles y confeccionistas, el informe de la CIAI refleja un escenario donde la retracción del consumo interno se ha convertido en el principal condicionante de la actividad. A esto se agrega un contexto de costos crecientes, presión financiera y competencia asiática cada vez más intensa.

Sin duda, mientras la permanente caída del ingreso de los consumidores no muestre un horizonte de mejora, la búsqueda de nuevos canales o alternativas comerciales no aparecen actualmente como factores decisivos para recrear la actividad industrial.
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CIAI / Comunidad Textil

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La moda de Colombia vuelve a Miami con mayor cantidad de marcas y de propuestas

Inexmoda, el instituto dedicado al desarrollo de la moda, confirmó que el diseño colombiano estará presente en la próxima edición de Colombiamoda Miami que se llevará a cabo del 27 al 29 de mayo. El evento convocará a 35 marcas provenientes de distintas regiones del país.

En el marco del Miami Swim Week que tendrá lugar en Wynwood; los creadores de moda colombianos participarán de una nueva edición de Colombiamoda Miami. En esta vitrina internacional, los diseñadores participarán de experiencias comerciales, activaciones de lifestyle y relacionamiento con compradores de Estados Unidos.

En el espacio Colombian Selection estarán presentes marcas como Pájara Pinta, Bohór, Casabela, SineSTESIA, Milonga, Musee The Brand, Patricia Mejía, Lina Lemus, Claudia Moreli, Sijam Sleiman, Tinta Latina, Mia Mulata, Toscano, Renata Lozano y Sol y Neptuno, entre otras. Las firmas presentarán las novedades en las categorías resortwear, swimwear, urbanwear, loungewear y accesorios.

La participación de Colombiamoda en Miami Swim Week forma parte de la estrategia de la industria colombiana para expandirse en el mercado estadounidense que representa el principal destino de las exportaciones de moda y textiles. Además de las propuestas de moda, el evento incluye experiencias relacionadas con el arte, la cultura, el bienestar y el lifestyle.

En la edición del año pasado, Colombiamoda Miami convocó a más de 1.200 compradores y desarrolló experiencias comerciales, de networking y posicionamiento de marca en un espacio que alcanzó un volumen de negocios de US$ 140.000 en ventas directas y otros US$ 70.000 en ventas diferidas.
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Fashion Network / Comunidad Textil
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