Tendencias
Murió Adriano Goldschmied, diseñador italiano reconocido como el “padrino del denim”
Con la muerte de Adriano Goldschmied el mundo de la moda y, en particular del denim, perdió a una de sus figuras más influyentes. El diseñador italiano, que era reconocido globalmente como el “padrino del denim”, que falleció el 5 de abril, deja tras de sí una huella decisiva en la transformación del jean de prenda utilitaria a ícono de la moda contemporánea.
Nacido en 1944 en Trieste, Goldschmied inició su vínculo con la indumentaria casi por intuición empresarial antes que por formación académica. En la década de 1970 abrió una tienda en Cortina d’Ampezzo, punto de partida de una carrera que terminaría redefiniendo la industria global del denim.
Su nombre quedó asociado a algunas de las marcas más influyentes del sector. Fue cofundador de Diesel y participó en el desarrollo de firmas como Replay, además de impulsar proyectos propios como AG Adriano Goldschmied, Goldsign y Agolde. Su influencia también alcanzó a grandes retailers, como cuando colaboró en la línea Gap 1969.
Pero más allá de las marcas, su legado radica en haber conceptualizado el denim como un producto de alto valor. Fue uno de los pioneros del llamado “premium denim”, introduciendo procesos de lavado, desgaste y acabado que transformaron una tela rígida en una pieza cargada de diseño, identidad y narrativa.
Goldschmied entendió antes que muchos que el jean podía ser un espacio creativo. Experimentó con tratamientos químicos, texturas y calces en una época en que el denim era uniforme y funcional. Esa visión lo convirtió en una figura clave en la sofisticación del sector y en la expansión de un negocio que hoy mueve miles de millones de dólares a nivel global.
A lo largo de su carrera también mostró una constante inquietud por la innovación textil y, en sus últimos años, por la sostenibilidad, reconociendo los impactos ambientales de la industria y promoviendo procesos más responsables.
Instalado entre Europa y Estados Unidos, con base en ciudades como Milán y Los Ángeles, Goldschmied mantuvo hasta el final una actitud creativa inquieta, más cercana al desarrollo de materiales que al diseño tradicional de moda.
Con su muerte desaparece un pionero que no solo construyó marcas, sino que redefinió una categoría entera. En cada jean intervenido, en cada lavado innovador y en cada nueva silueta, persiste el legado de quien convirtió al denim en cultura global.
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DenimHunters / Comunidad Textil
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La serie sobre Kennedy Jr. Y Carolyn Bessette muestra su increíble influencia en la moda
El auge del storytelling cultural está redefiniendo las estrategias de marketing en la industria de la moda, y la serie Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette se ha convertido en un caso paradigmático de cómo el contenido audiovisual puede impulsar tendencias y generar impacto comercial medible. Más que recrear la historia de John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette-Kennedy, la producción ha reactivado el minimalismo de los años 90, transformándolo en una herramienta de consumo masivo amplificada por las redes sociales.
Este fenómeno no responde solo a un revival estético, sino a la convergencia entre nostalgia, arquetipos de marca y dinámicas digitales. La estética depurada asociada a firmas como Calvin Klein, caracterizada por líneas simples, colores neutros y ausencia de excesos, se resignifica como un lenguaje atemporal. La nostalgia actúa como un atajo emocional que acerca el deseo a la compra, mientras que plataformas como TikTok e Instagram convierten ese código visual en un sistema replicable y accesible, desde prendas básicas hasta armarios cápsula.
El ecosistema digital juega un rol clave en la monetización de esta tendencia. Hashtags como #CBK o #90sminimalism funcionan como escaparates descentralizados donde cada episodio de la serie genera nuevas olas de contenido: análisis de looks, comparaciones y recomendaciones de compra. Este modelo de lanzamientos semanales sostiene la atención y alimenta los algoritmos, amplificando el alcance y la conversión comercial.
El atractivo de Carolyn Bessette-Kennedy radica en la escasez de su imagen pública, que potencia su mito. Su bajo perfil mediático dejó espacio a la proyección simbólica, transformándola en un arquetipo aspiracional: una figura asociada al control, la discreción y el lujo silencioso. Este perfil resulta especialmente relevante en el contexto actual, donde el consumo busca alejarse de la ostentación y priorizar la autenticidad.
La fidelidad estética de la serie, liderada por el vestuarista Rudy Mance, refuerza su impacto. El trabajo se centró en reconstruir con precisión los códigos visuales de la época (tejidos, cortes y proporciones) priorizando la silueta sobre los logos. Esta rigurosidad aporta credibilidad y fortalece el valor del arquetipo, convirtiéndolo en un activo de marketing.
En este contexto, Calvin Klein emerge no solo como referencia estética, sino como parte estructural del relato, ya que la trayectoria profesional de Bessette se desarrolló dentro de esa marca en su momento de consolidación global. La serie evidencia que este minimalismo fue el resultado de una cultura empresarial específica, marcada por disciplina visual y coherencia estética.
Finalmente, la amplificación mediática -desde revistas como Vogue hasta plataformas digitales- consolida esta narrativa, posicionando a Bessette como un ícono atemporal y expandiendo el mercado para marcas alineadas con este estilo. En 2026, su legado confirma que la sencillez, la contención y la elegancia discreta no solo sobreviven, sino que se convierten en una poderosa herramienta comercial en la moda contemporánea.
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Fashion United / Comunidad Textil
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Las grandes empresas van por una IA que brinde más eficiencia a su producción
La industria de la moda enfrenta uno de sus problemas estructurales más costosos: las enormes cantidades de prendas que quedan sin vender cada año. Frente a este desafío, cada vez más empresas del sector están recurriendo a la inteligencia artificial para optimizar la planificación, la producción y la gestión de inventarios, con el objetivo de reducir tanto las pérdidas económicas como el impacto ambiental asociado a los excedentes de producción.
En la actualidad se estima que alrededor del 20% de la ropa producida en el mundo nunca llega al consumidor final. Esto representa unos US$ 140.000 millones en existencias innecesarias que permanecen inmovilizadas en depósitos o, en el mejor de los casos, terminan siendo liquidadas con fuertes descuentos.
Según el informe The State of Fashion 2026 de la consultora McKinsey & Company, mejorar los márgenes y lograr una gestión más precisa de los inventarios se ha convertido en una de las principales prioridades estratégicas para el 45% de los directivos del sector, especialmente después de que el tiempo promedio de liquidación de existencias alcanzara un récord de 168 días en 2024.
Uno de los ejemplos más citados es el modelo de producción basado en datos utilizado por Shein. La empresa produce inicialmente pequeños lotes de entre 100 y 200 unidades por modelo para medir la reacción del mercado. En función de la demanda detectada, ajusta rápidamente la producción, lo que le permite mantener su tasa de prendas sin vender por debajo del 10%, frente a niveles que pueden oscilar entre el 20% y el 40% en compañías más tradicionales.
El uso de inteligencia artificial también se está extendiendo en grupos consolidados. La empresa francesa Etam, por ejemplo, ha incorporado agentes de IA para optimizar las decisiones de compra y ajustar con mayor precisión variables como cantidades, colores o talles. Según la compañía, esta tecnología podría permitir reducir los remanentes entre un 10% y un 20%, al tiempo que mejora la eficiencia de las inversiones en inventario. Asimismo, está desarrollando herramientas para gestionar de forma más inteligente el reabastecimiento de sus tiendas y dirigir el producto adecuado al cliente correcto en el momento oportuno.
En el caso de Levi Strauss & Co., la inteligencia artificial ya se utiliza desde hace años para planificar inventarios y optimizar procesos administrativos, como la recepción de pedidos mayoristas. Otras compañías también están obteniendo resultados significativos.
Un estudio de Boston Consulting Group señala que la plataforma de comercio electrónico Zalando logró reducir en un 20% los errores en sus previsiones de demanda, mientras que la división de moda de Walmart acortó sus plazos de producción en 18 semanas gracias al uso de herramientas de análisis basadas en inteligencia artificial.
Sin embargo, algunos analistas advierten que la misma tecnología que permite optimizar inventarios también podría acelerar el ritmo de lanzamiento de colecciones y alimentar el ciclo de sobreproducción y sobreconsumo. El desafío para el sector será encontrar un equilibrio entre la eficiencia productiva y la sostenibilidad, en una industria que actualmente es responsable de cerca del 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
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Fashion Network / Comunidad Textil
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Automatización: las fábricas textiles abandonan Oriente y vuelven a países centrales?
Según un informe difundido por la publicación Global Textile Times, los avances en automatización y robótica están comenzando a modificar algunos de los fundamentos sobre los cuales se organizó durante décadas la industria textil mundial. Tradicionalmente, la producción de tejidos y prendas de vestir se concentró en países asiáticos como China, Vietnam, Bangladesh, India y otros, donde los bajos salarios y la disponibilidad de mano de obra calificada permitieron desarrollar grandes polos manufactureros orientados a la exportación.
Sin embargo, el creciente uso de tecnologías automatizadas podría alterar ese equilibrio. A medida que los robots industriales, las máquinas de coser avanzadas y los sistemas digitales se integran a las fábricas, la dependencia de la mano de obra humana quizás comience a reducirse. Esto significará que el costo laboral -uno de los factores clave que impulsó la relocalización productiva hacia Asia en las últimas décadas- podría perder peso en la estructura de costos de las empresas.
En paralelo, los salarios en algunos de los principales países manufactureros han aumentado de forma significativa en los últimos veinte años, mientras que en muchas economías desarrolladas los ingresos se han mantenido relativamente estables si se ajustan por inflación. En este contexto, la automatización tiene el potencial de cerrar parte de la brecha de costos entre producir en Asia o en los mercados occidentales.
Otro elemento que está impulsando el debate sobre la relocalización productiva es la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales. La pandemia de COVID-19 dejó en evidencia los riesgos de depender de redes logísticas largas y complejas. El cierre de fábricas, las demoras en los envíos y la escasez de insumos afectaron seriamente a numerosos sectores industriales, entre ellos el textil. El actual conflicto en Medio Oriente, cuyo final esta lejos de tener fecha cierta, actualiza dramáticamente esta situación.
Frente a este panorama, muchas empresas comenzaron a analizar alternativas y a reconsiderar la conveniencia de acercar parte de su producción a los mercados de consumo.
La automatización también facilita la adopción de modelos de producción más flexibles, como el sistema “justo a tiempo”. Al ubicar plantas automatizadas más cerca de los centros de consumo, las marcas pueden reducir los plazos de entrega, responder con mayor rapidez a las tendencias del mercado y disminuir los riesgos asociados al transporte internacional.
La sostenibilidad es otro factor que comienza a influir en estas decisiones. Los consumidores demandan cada vez más transparencia en las cadenas de suministro, prácticas laborales responsables y una reducción de la huella ambiental. La producción en países lejanos implica largos trayectos de transporte marítimo o aéreo, con las correspondientes emisiones de carbono. En ese sentido, una producción más cercana a los mercados podría contribuir a reducir el impacto ambiental y mejorar la trazabilidad de los procesos.
Además, la automatización abre la puerta a nuevos modelos productivos como la fabricación bajo demanda o la personalización masiva, que permiten producir únicamente lo que el mercado necesita y evitar grandes excedentes de stock.
No obstante, el proceso de relocalización no está exento de obstáculos. La instalación de fábricas inteligentes requiere inversiones iniciales muy elevadas en maquinaria, software e infraestructura tecnológica. A esto se suma la necesidad de contar con personal altamente capacitado para operar y mantener estos sistemas avanzados.
Al mismo tiempo, los propios centros manufactureros asiáticos también están incorporando tecnologías de automatización, lo que podría reforzar su competitividad y mantener su atractivo como proveedores globales.
Por esta razón, muchos analistas consideran que el futuro de la industria textil probablemente se organizará en torno a modelos híbridos. En este esquema, las tareas altamente automatizadas podrían localizarse en regiones cercanas a los grandes mercados consumidores, mientras que ciertas actividades intensivas en mano de obra seguirán realizándose en países con menores costos laborales.
Las políticas públicas también jugarán un papel importante en este proceso. Incentivos fiscales, programas de innovación tecnológica, inversiones en infraestructura y apoyo a la adopción de tecnologías avanzadas pueden acelerar la relocalización industrial.
Aunque el regreso masivo de la producción textil a los países desarrollados no ocurrirá de forma inmediata, el avance continuo de la automatización está reconfigurando gradualmente la cadena de suministro global. A medida que estas tecnologías se vuelvan más accesibles y eficientes, la posibilidad de producir más cerca de los mercados de consumo podría convertirse en una estrategia cada vez más atractiva para las empresas del sector.
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Global Textile Times / Comunidad Textil
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Bad Bunny en el Super Bowl y cómo impactará la cultura ‘Latam’ en marcas y mercados
La consultora global de tendencias WGSN puso el foco en la reciente actuación de Bad Bunny en el Super Bowl y la definió como uno de los temas del momento, no sólo por su impacto cultural en la importancia de la cultura Latinoamericana, sino por lo que revela sobre el futuro de las marcas. El interrogante que plantea es directo: qué significa realmente este fenómeno para los negocios y cuál es el costo de no anticiparse a él?
WGSN invita a observar si el mercado ya registró el alcance de esta presentación y, sobre todo, la presencia cada vez más fuerte de la cultura latinoamericana en escenarios globales de alto impacto, como el propio Super Bowl o eventos estratégicos para el retail y la moda. Para la consultora, la “fuerza LATAM” dejó de ser una señal emergente para convertirse en un tema recurrente en la agenda del mercado y de los medios internacionales.
La clave, sin embargo, no está en la visibilidad sino en la traducción de este movimiento en resultados concretos para las empresas. WGSN recuerda que ya en 2024 identificó el llamado “Renacimiento Latino” como un macromovimiento, mucho antes de que ocupara el centro de la cultura mainstream global. Hoy, considera, “esa señal se consolida como una palanca tangible de crecimiento, diferenciación y conexión con consumidores que demandan autenticidad, identidad y representatividad”.
La consultora explica que no se trata únicamente de estética ni de una tendencia cultural pasajera. Dice que el fenómeno expresa un desplazamiento del centro de influencia global, con narrativas latinas moldeando deseos, comportamientos y decisiones de compra. A esto se suma el efecto amplificador de grandes eventos por venir, como la Copa del Mundo con México entre los países anfitriones y Argentina como el último camppeón, que acelerarán aún más este proceso.
Para las marcas textiles, la pregunta ya no es si este movimiento impactará en el mercado, sino quién estará preparado para capitalizarlo, asegura WGSN.
En ese sentido, la consultora destaca su trabajo junto a las empresas para anticipar cambios culturales antes de que se vuelvan masivos y transformarlos en estrategias de producto, marketing y branding capaces de construir ventajas competitivas sostenibles.
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Industria de la Moda / Comunidad Textil
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La corbata vuelve a lucirse como accesorio en la moda femenina de esta temporada
El accesorio masculino por excelencia comienza a verse en el vestuario de las mujeres. Actrices como Nicole Kidman o Demi Moore han posado luciendo sus corbatas. De este modo las actrices famosas, ejecutivas y modelos en las pasarelas se subieron a la tendencia de utilizar una la corbata como accesorio.
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Según la analista española de moda Patrycia Centeno, es un intento de “reclamar el espacio de la mujer en un mundo y un sistema que sigue siendo un dominio totalmente patriarcal».
El uso de la corbata por parte de las mujeres tiene sus antecedentes en intelectuales francesas como George Sand y Colette. El accesorio también fue utilizado por la recordada actriz Marlene Dietrich y la diseñadora Coco Chanel.
Por su parte, la historiadora de moda Marine Chaleroux añade que en los años ‘80 y ‘90, cuando las mujeres comienzan a ocupar puestos jerárquicos, la corbata se convierte en “una representación visual del acceso cada vez más importante a funciones relevantes de mujeres dirigentes”.
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Para Chaleroux, esta tendencia funciona como “un signo de conquista de derechos y de visibilidad en el espacio público” y estima que el regreso de la corbata suele coincidir “con momentos de fragilidad en los que los derechos se ponen en cuestión”.
“El feminismo suele buscar este tipo de símbolos que, social y culturalmente, sólo le pertenecen al hombre, para reafirmarse o incluso para normalizar, visualmente, el hecho de que una mujer puede ocupar y puede liderar como un hombre” agregó Centeno.
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Fashion United / Comunidad Textil
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La Inteligencia Artificial es un desafío que no puede eludirse, y menos sin responsabilidad
La incorporación de inteligencia artificial en las empresas ya no es una discusión futurista, sino una decisión estratégica que define competitividad, eficiencia y reputación. Para los empresarios de la industria textil y confeccionista, el desafío no es si adoptar IA, sino cómo hacerlo de manera responsable, productiva y socialmente inteligente.
El primer punto clave suele quedar fuera del radar tecnológico: antes de automatizar, es imprescindible pensar en las personas y en cómo reubicar talentos que puedan quedar desafectados de ciertas tareas hacia nuevas funciones que antes no existían o no se consideraban estratégicas.
La IA libera tiempo operativo. Ese tiempo puede y debe transformarse en nuevas actividades de mayor valor: análisis de datos de demanda, supervisión de calidad asistida por tecnología, gestión de trazabilidad, control de proveedores, diseño asistido, planificación de colecciones más eficientes o incluso roles vinculados a sostenibilidad y cumplimiento normativo. La transición ordenada, con capacitación interna y reconversión laboral, no sólo reduce conflictos sociales, sino que mejora la adopción tecnológica y preserva el conocimiento técnico acumulado en la empresa.
Desde el punto de vista productivo, la IA ofrece herramientas concretas para enfrentar dos problemas estructurales del sector: la sobreproducción y los altos costos operativos. Los modelos predictivos permiten anticipar la demanda con mayor precisión, reduciendo excedentes de stock y desperdicio. Los algoritmos aplicados a procesos industriales optimizan el uso de energía y agua, especialmente en etapas críticas como teñido y acabado. En diseño, la IA generativa posibilita patrones que maximizan el aprovechamiento de la tela y facilitan la reciclabilidad, alineando eficiencia económica con objetivos ambientales. Hay muchos más aspectos en los que la inteligencia artificial ahora puede ayudar a resolver, con un costo muy bajo y una ganancia óptima.
Sin embargo, el uso de estas tecnologías exige criterios éticos claros. Las decisiones automatizadas deben ser explicables y auditables, especialmente cuando influyen en la gestión de proveedores, personal o precios. En retail y marketing, la privacidad de los datos es esencial, y la personalización no debería buscar ser una herramienta de consumo compulsivo, que alimente el fast fashion más extremo.
En términos de calidad, la IA puede elevar estándares mediante sistemas de visión artificial que detectan defectos en tiempo real, reducen reprocesos y garantizan consistencia. La automatización de cortes y costuras, bien implementada, disminuye errores sin eliminar el criterio humano, que sigue siendo clave en la toma de decisiones y el diseño.
El mayor error sería concebir la IA como un reemplazo total. La verdadera ventaja competitiva surge de la complementariedad humano-tecnología. Diseñadores, técnicos y operarios capacitados trabajan mejor cuando la IA asiste, sugiere y optimiza, pero no anula la creatividad, la experiencia ni el criterio profesional. Adoptar inteligencia artificial con visión estratégica implica invertir en formación, evitar sesgos, rechazar el greenwashing tecnológico y construir un modelo productivo más eficiente, pero también más humano y sostenible.
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Observatorio Textil y de la Moda / Comunidad Textil
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Se realizará el 1er. Congreso sobre la Inteligencia Artificial aplicada al mundo de la moda
El Clúster Catalán de la Moda (Modacc) anunció que el 17 de febrero se llevará a cabo Fashion Tech AI Summit 2026, la primera cumbre dedicada a la aplicación de la inteligencia artificial en la moda. El objetivo es conectar a empresas de tecnología y marcas del sector para fomentar la colaboración y la transferencia de conocimiento.
La inteligencia artificial es una de las herramientas que el mundo de la moda ya está utilizando. En este contexto se llevará a cabo la primera cumbre sobre el uso de esta tecnología en el sector. Durante el evento, las empresas tecnológicas presentarán las soluciones que tienen para aportar a los fabricantes de indumentaria.
En las charlas y ponencias se expondrá sobre el uso de la IA en toda la cadena de valor. Las conferencias estarán agrupadas en ejes temáticos enfocados en diseño y desarrollo de producto, supply chain y producción, comercialización y venta y marketing y experiencia del cliente.
El Congreso está dirigido tanto a PyMEs como a grandes empresas sin importar su nivel de digitalización. El objetivo es mostrar cómo la IA puede ser clave para mejorar la competitividad, la sustentabilidad y el diseño.
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El evento se desarrollará 100% online y las inscripciones ya están abiertas. Para registrarse hay que visitar la página web de Modacc.
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Industria de la Moda / Comunidad Textil
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Ante una situación de crisis mundial, la moda pone humor y ofrece un estilo ‘poco serio’
La consultora global de tendencia de moda WGSN anticipa que en 2026 el consumo ingresará en una fase marcada por el absurdo, lo irreverente y lo provocativo. “Todo lo que sea serio queda fuera, todo lo que no sea serio queda dentro”, resume la firma al describir una reacción casi inevitable de los consumidores frente al desmoronamiento económico, las tensiones geopolíticas, los titulares surrealistas y una relación cada vez más ambigua con la inteligencia artificial. Para los empresarios del sector indumentaria y moda, esta lectura no es anecdótica: señala un cambio profundo en las motivaciones de compra y en el valor simbólico de los productos, asegura.
WGSN define a lo “poco serio” como una macrotendencia que atraviesa moda, belleza, estilo de vida y entretenimiento, y que funciona como una evolución de “Glimmers”, un concepto asociado a las pequeñas fuentes de alivio emocional en contextos de crisis. En un entorno de estrés constante, los consumidores buscan liberación, humor, exageración y experiencias que rompan con la lógica de la sobriedad y la corrección. No se trata de frivolidad vacía, sino de una estrategia de afrontamiento cultural que las marcas deberán interpretar con inteligencia.
En moda, esta necesidad de ideas audaces se expresa en un regreso del maximalismo y en un renovado protagonismo del oro. Según WGSN, el metal reaparece como símbolo de estabilidad y estatus en tiempos inciertos, impulsado por la influencia de la vestimenta de poder de los años 80 y del vintage. Las colecciones Primavera/Verano 2026 de casas como Versace, Saint Laurent y Valentino ya adelantaron esta dirección con bloques de color, hombros marcados y una opulencia deliberada. Joyas de oro llamativas, detalles en lamé en bufandas, bolsos y calzado aportan glamour intenso incluso a looks informales, ampliando las posibilidades de combinación y valor percibido.
La incertidumbre también está redefiniendo la funcionalidad. Crece la demanda de moda “protectora”, con características antirrobo integradas de forma discreta y estética. Bolsillos invisibles, tejidos anti-corte, bloqueo RFID, cierres inteligentes y mosquetones de diseño dejan de ser soluciones utilitarias para convertirse en atributos de valor que refuerzan la confianza del usuario en su vida cotidiana.
Al mismo tiempo, WGSN advierte un giro en la exposición social. Tras años de sobrecompartir, la exclusividad vuelve a ser una moneda poderosa. Las marcas fortalecen comunidades cerradas y canales selectivos, mientras proteger el capital cultural se vuelve tan importante como crearlo.
Sostiene incluso que la desconexión digital empieza a funcionar como símbolo de estatus: poder desaparecer sin perder relevancia profesional ni social es, para muchos consumidores, la nueva definición de “cool”. En este escenario, las empresas de moda tienen la oportunidad de diseñar no solo productos, sino también experiencias que ofrezcan escape, pertenencia y sentido en un mundo cada vez menos serio.
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Pinker Moda / Comunidad Textil
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Según Pantone el color de 2026 y ‘protagonista absoluto de la moda’ será…. el blanco
Pantone, el instituto especializado en color anunció como todos los años cuál será la tonalidad más usada el año próximo. La elección recibió ciertas críticas por parte de especialistas por sus “connotaciones políticas”, en un momento en que la derecha supremacista avanza a nivel global. Pero la empresa anunció otras inspiraciones, que resultan razonables.
La creadora del sistema de colores estandarizado propone que su ‘Pantone 11-4201’ sea el color de 2026. El nombre comercial del tono es “Cloud dancer” (bailarín de las nubes) aunque en realidad se trata del eternamente conocido color ‘blanco’.
Según la empresa, la tonalidad “es un símbolo de influencia tranquilizadora en una sociedad frenética”, así como “un lienzo en blanco con el que todos podemos empezar de nuevo”.
La elección del blanco tuvo repercusiones diversas. La revista Vogue resaltó que Cloud Dancer simboliza “una influencia calmante en una sociedad que está redescubriendo el valor de la quietud y la reflexión. Es un tono que llega como un soplo de aire fresco y está impregnado de una sensación de serenidad”.
Por el contrario, la periodista del NY Times Vanessa Friedaman señaló que “dado el reciente discurso político, cuando oigo “blanco”, me vienen a la mente asociaciones menos saludables, que dudo que Pantone haya tenido en cuenta, pero que podrían distorsionarse para fines bastante incómodos”.
Su colega Callie Holtermann opinó que “sin duda es una elección llamativa después de un año en el que se han desmantelado programas de diversidad, equidad e inclusión, y en el que el partido en el poder ha estado debatiendo hasta qué punto hay que mostrarse amigable con un nacionalista blanco”. Por su parte, el periodista Alex Vadukul se despegó de la polémica y simplemente comentó –con bastante sarcasmo- que el Cloud Dancer “suena como una canción de un artista de un solo éxito de la década de 1980”.
El proceso de selección del color del año es llevado a cabo por un equipo internacional de expertos en color que analiza tendencias emergentes en tecnología, valores sociales, arte, destinos de viaje y el ánimo general de diseñadores y consumidores. Laurie Pressman, vicepresidenta del instituto Pantone, afirmó que el equipo actúa como “antropólogos del color” y añadió que ‘Cloud dancer’ nos invita “a desprendernos de capas de pensamientos obsoletos y abrimos la puerta a nuevos enfoques”.
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Infobae / Vogue / NY Times / Comunidad Textil
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