
Según un informe de la Fundación ProTejer, la cadena textil, de indumentaria, cuero y calzado de Argentina atraviesa una crisis que ya muestra consecuencias estructurales: desde diciembre de 2023 perdió 28.322 empleos registrados y cerraron 1.042 empresas, mientras la producción textil acumuló entre enero y julio de 2026 una caída de 22,6% interanual y de 33,9% frente a 2023.
El derrumbe llevó la utilización de la capacidad instalada a apenas 40% en los primeros siete meses del año, uno de los registros más bajos de la historia: en términos prácticos, más de seis de cada diez máquinas permanecen paradas.
Al mismo tiempo, el mercado está experimentando un profundo cambio en su composición. Las importaciones ya representan cerca del 70% del abastecimiento interno, frente a una participación histórica cercana al 50%. Además, los productos terminados avanzan con particular intensidad: entre enero y agosto las importaciones de indumentaria crecieron 55% en toneladas y alcanzaron un máximo histórico, mientras las confecciones para el hogar aumentaron 22%, también marcando un récord.
La combinación de una muy fuerte caída del consumo, una escalada en el ingreso de productos terminados, caída de la producción, pérdida de empleo y derrumbe de las inversiones configura uno de los escenarios más complejos que haya enfrentado la cadena textil indumentaria en las últimas décadas.
Los datos surgen del informe sobre la coyuntura de la cadena de valor textil e indumentaria actualizado al 5 de octubre difundido por la Fundación proteger, entidad empresaria que representa a toda la cadena textil y de confecciones. El deterioro sectorial se desarrolla, además, dentro de una industria manufacturera que tampoco consigue recuperar actividad dado que en los primeros siete meses de 2026 cayó 2,6% frente al año anterior y 11,8% respecto de 2023.


Pero la contracción textil es considerablemente mayor. En julio, la producción cayó 13% interanual y se ubicó 33,8% por debajo de julio de 2023. Particularmente crítica fue la situación de tejidos y acabado de telas, con una baja interanual de 27,8%.
En prendas de vestir, cuero y calzado, la producción retrocedió 15,9% interanual en julio y 24,9% frente a 2023. El calzado presenta el deterioro más pronunciado: -26,5% interanual y -45,2% respecto de 2023. En prendas de vestir, las caídas fueron de 14,4% y 15,7%, respectivamente.
El consumo, en el centro del problema
Una de las principales explicaciones se encuentra en la debilidad del mercado interno. El poder adquisitivo continúa deteriorado y los hogares deben destinar una proporción creciente de sus ingresos a alimentos, tarifas de servicios públicos, transporte, alquileres, educación y salud, reduciendo los recursos disponibles para indumentaria y textiles para el hogar.
Los salarios privados registrados se encontraban en julio 9% por debajo de 2023 en términos reales y los del sector público un 25%. El salario mínimo había perdido 44% frente a 2023 y el haber jubilatorio mínimo con bono, 10%.
La consecuencia aparece directamente en el comercio: entre enero y julio, las ventas reales de los centros comerciales disminuyeron 11,7% interanual y 29,5% respecto de 2023.
Importaciones: menos insumos, más productos terminados
Un dato resulta especialmente revelador. Entre enero y agosto ingresaron productos textiles e indumentaria por US$1.039 millones y 201.867 toneladas. En términos generales hubo una reducción, pero detrás de ella aparecen dos tendencias completamente diferentes.
Las importaciones de materias primas cayeron 34%; hilados, 41%; tejidos planos, 52%, y tejidos de punto, 35%. Es decir, disminuyen fuertemente las compras externas de insumos vinculados con la producción local.
En cambio, avanzan los productos listos para llegar al consumidor: la indumentaria importada aumentó 55% en volumen y 30% en dólares, mientras las confecciones para el hogar crecieron 22% y 6%, respectivamente.
El informe advierte además que los productos están ingresando a valores por kilo históricamente bajos y relaciona esta situación con el debilitamiento de instrumentos de regulación comercial, controles aduaneros y valores de referencia, planteando también interrogantes sobre trazabilidad, transparencia y seguridad.
De una inversión récord a la desinversión
La crisis adquiere otra dimensión al observar las inversiones. Entre 2021 y 2024, la cadena protagonizó uno de sus mayores procesos de modernización, destinando más de US$782 millones a bienes de capital, con un máximo de US$250 millones en 2022.
Ahora el movimiento es exactamente inverso. Durante los primeros ocho meses de 2026 se invirtieron apenas US$41 millones, 53% menos que un año atrás y 72% por debajo de 2023. Si continúa esta tendencia, el año terminaría alrededor de US$62 millones, uno de los niveles más bajos de la serie.
La paradoja es contundente: maquinaria incorporada durante un ciclo récord de modernización permanece hoy mayoritariamente ociosa.
El golpe final aparece en el entramado empresario y laboral. La cadena perdió desde diciembre de 2023 23,4% de sus empleos registrados. Sus 28.322 puestos eliminados representan nada menos que un tercio de los 86.711 empleos perdidos por toda la industria manufacturera.
En el mismo período desaparecieron 1.042 empresas textiles, de indumentaria, cuero y calzado, equivalentes al 17% del total sectorial y al 24% de todos los establecimientos cerrados por la industria manufacturera argentina.
La dimensión del proceso puede resumirse en una cifra particularmente contundente: desde diciembre de 2023, en promedio, cerró más de una empresa de esta cadena productiva por día.
———————————————
Fundación ProTejer / Comunidad Textil
Para comunicarse con Comunidad Textil: contacto@comunidadtextil.com

