
El país asiático es uno de los mayores productores de ropa del mundo y el segundo exportador de indumentaria. Pero este lugar de privilegio en la cadena de producción global tiene su contracara: 577.000 toneladas métricas de desechos textiles al año terminan en ríos y vertederos.
En Bangladesh existen más de 3.500 fábricas textiles. Estos establecimientos operan con márgenes de error muy altos que generan miles de recortes de tela sobrante. A esto se suman las prendas con errores de confección y los excedentes de stock que no llegan a exportarse. El nivel de reciclado de estos productos es mínimo y la mayor parte se tira como basura.
Estos excedentes se acumulan en vertederos a cielo abierto en las periferias de las ciudades o son arrojados a los cauces hídricos. Estos desechos contienen químicos pesados, como el cromo y desprenden gran cantidad de microplásticos. El Buriganga, uno de los ríos más importantes del país, ha sido declarado “biológicamente muerto” dado que en sus aguas negras ya no quedan restos de oxígeno.
A la contaminación del agua se suma la del aire. Miles de toneladas de poliéster y nylon son incineradas de manera indiscriminada. Esta quema libera gases altamente contaminantes, toxinas y micro partículas plásticas que dañan la salud pulmonar de las comunidades locales.
Bangladesh está pagando un precio muy alto por estar en la cima de la cadena de producción textil. Salarios bajos, malas condiciones laborales y una contaminación tan generalizada que está por llegar a un punto de no retorno.
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Textile Today / Comunidad Textil
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