Diego Longo con sus máquinas en la planta de Megatex.

Megatex es la única empresa uruguaya que puede producir telas. El sector fue perdiendo fuerza a partir de la década del 90 y actualmente tiene que enfrentar un nuevo desafío: las prendas importadas de bajo precio que ingresan a través de plataformas como Shein o Temu. A pesar de las adversidades, “no sé cómo pero seguimos” afirma el dueño de la firma.

Diego Longo, director de Megatex, llegó a tener 25 máquinas tejedoras. Hoy solo conserva 11 de las cuales se encuentran funcionando cuatro o cinco. Su capacidad de producción es de 100.000 kilos de tela por mes pero “el problema no es la capacidad, es que no hay quién compre” explicó el empresario.

La empresa, fundada en 1989, formaba parte del entramado industrial textil del Parque Industrial del Cerro ubicado en la parte oeste de Montevideo. “Había de todo”, recuerda Longo. “Empresas que hacían tejidos planos, lana, acrílicos, algodón”. Pero a fines de los ‘90 comenzaron a llegar las importaciones, primero de tela y luego de producto terminado. Eso generó un cierre masivo de fábricas textiles y Megatex quedó sola en el predio.

“Sería bueno tener competencia. Cuando trabajamos todos es porque el sector está vivo. Ahora somos sólo nosotros” afirma el fabricante. “Necesitamos que la industria uruguaya se empiece a mover otra vez”.

Longo comprendió que no podía competir con los productos chinos en precio y apostó, para mantener su fábrica abierta, a la calidad y los tejidos orgánicos. Megatex ofrece telas que no tienen otros proveedores: algodón peinado, bambú, cáñamo, lino, lana merino uruguaya y mezclas de fibras naturales.

“Una remera importada puede costar dos dólares si llega en un contenedor desde Asia. Una confeccionada con algodón peinado uruguayo cuesta aproximadamente el doble. Pero es otra cosa. Los clientes que llegan a la fábrica, saben que no vienen por precio, sino por calidad” resaltó.

Además de la producción de telas de alta calidad, la empresa incorporó la impresión digital sobre algodón, lana, bambú y cáñamo. Sus procesos de impresión son sustentables, libres de químicos y ofrecen una propuesta que, todavía, no ofrecen los proveedores chinos.

La fábrica sobrevive a este contexto adverso a fuerza de adaptarse a las necesidades de los clientes. “Si hay que fabricar la tela de cero, se crea. Si hay que armar el diseño con tela de afuera, se arma. Si hay una idea, por pequeña que sea, habrá entonces una nueva cápsula de diseño local” señaló Longo.

“Es difícil, pero hay que apostar. Hay gente que todavía quiere trabajar acá” afirma el empresario que logró un modelo de negocios que trata de resistir la tormenta de las importaciones con calidad y procesos sustentables.
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El observador / Comunidad Textil

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