Mercados

E. Unidos financiará a sus productores de algodón para que logren ser competitivos


El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) ha puesto en marcha una iniciativa generar que la producción algodonera del país logre bajar sus precios y ser más competitiva a nivel internacional, después de que los productores estadounidenses experimentaran cinco años consecutivos de pérdidas. El algodón es uno de los cultivos más importantes económicamente en Estados Unidos, ya que cada dólar que se vende en la explotación agrícola genera aproximadamente US$ 15 en actividad económica relacionada.

El plan, denominado Gran Plan del Algodón Estadounidense, fue anunciado por Brooke L. Rollins, la Secretaria de Agricultura, el 28 de mayo como una “iniciativa integral del USDA” en respuesta a la caída de ventas por las crecientes presiones económicas que incluyen el aumento de los costos de producción, la reducción de los márgenes de ganancia y la creciente competencia de los materiales textiles sintéticos.

Según las previsiones del USDA, los productores de algodón estadounidenses podrían perder unos US$ 2.600 millones con los 9 millones de acres sembrados durante la próxima campaña agrícola.

Los problemas del sector se ven agravados por la disminución de la capacidad de procesamiento, ya que el número de desmotadoras de algodón en Estados Unidos ha caído de 2254 en 1980 a 446 en la actualidad. Las instalaciones de fabricación textil nacionales también se han reducido drásticamente en las últimas décadas, lo que agrava la preocupación por la estabilidad a largo plazo de la industria.

El gobierno federal atribuye gran parte de las dificultades del sector a la rápida expansión del uso de fibras sintéticas. Aproximadamente el 70% de las fibras textiles mundiales son ahora sintéticas y se producen principalmente a partir de materiales derivados del petróleo, como el poliéster y el nailon.

El secretario Rollins declaró: “Desde 1607, el algodón ha contribuido al desarrollo y la sostenibilidad de las zonas rurales de Estados Unidos. Nuestros agricultores cultivan algunos de los algodones de mayor calidad del mundo, pero en los últimos años, los productores de algodón estadounidenses se han visto gravemente afectados por el aumento de los costos, la competencia extranjera desleal y la avalancha de productos sintéticos baratos. En 2023, perdimos nuestra posición como principal exportador mundial de algodón frente a Brasil. Este cambio comienza hoy”.

El ‘Gran Plan del Algodón Americano’ describe cuatro acciones principales. En primer lugar, se centrará en el consumo interno. El USDA y el Departamento de Salud y Servicios Humanos promueven la iniciativa “Plantas, no plástico”. El USDA también planea mantener la financiación del Programa BioPreferred para que los productos biológicos elegibles, incluidos los de algodón, puedan seguir utilizando la etiqueta BioPreferred. Asimismo, está implementando tasas de interés más altas para los préstamos de comercialización de algodón de fibra larga y extralarga, autorizadas en virtud de la Ley de Recortes Fiscales para Familias Trabajadoras.

En segundo lugar, buscará apoyar la demanda y la producción nacionales. El USDA dará prioridad a los procesadores y fabricantes de algodón en el Programa de Préstamos Garantizados para Empresas e Industrias de Desarrollo Rural para ampliar su capacidad de producción. También aumentará la tasa de pago en el programa de Asistencia para el Ajuste Económico de las Fábricas Textiles de $0.03 a $0.05 por libra de algodón procesado. El departamento indicó que continuará colaborando con el Congreso en la Ley bipartidista de Compra de Algodón Estadounidense.

En tercer lugar, el plan apuntará al comercio. El USDA está implementando el Plan Comercial de Tres Puntos de la Administración, para aumentar las oportunidades de exportación del algodón estadounidense.

El Consejo Internacional del Algodón participó a principios de este año en una misión comercial agroindustrial a Indonesia, por primera vez en la historia del programa. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (OEC) obtuvieron compromisos de Indonesia y Bangladesh que, según indicaron, respaldarían futuras compras de algodón estadounidense y la producción textil con algodón de ese país. El USDA planea seguir apoyando las exportaciones a través del Programa de Acceso al Mercado -estadounidense- y las iniciativas de licencias Cotton USA.

Finalmente, incluye medidas para limitar los riesgos adversos para los productores. Los científicos del Servicio de Investigación Agrícola del USDA están trabajando en investigaciones para combatir la propagación de la plaga del cicadélido del algodón. Con el apoyo gubernamental los productores ahora tienen mayor acceso a las herramientas de seguro de la Opción de Cobertura Suplementaria. Otra de las ayudas es la Ley de Recortes Fiscales para Familias Trabajadoras, también produjo un aumento al precio de referencia del algodón en rama para los programas ARC y PLC en un 14 % a partir del otoño de 2026.

Y el gobierno de los Estados Unidos no descarta otras ayudas. “El USDA seguirá coordinándose con las partes interesadas de la industria, los fabricantes, los productores de algodón, los minoristas y el Congreso para impulsar políticas que fortalezcan la cadena de suministro de algodón, desde el campo hasta el tejido”, declaró el Departamento.
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Just Style / Comunidad Textil

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Los conflictos globales ponen tensión en la producción, el comercio y hieren al consumo

Conflicto en el Estrecho de Ormuz.

La industria mundial de la indumentaria está ingresando en una etapa de mayor complejidad, marcada por conflictos geopolíticos, incertidumbre comercial, desaceleración del consumo en los principales mercados desarrollados y riesgos para los puestos de trabajo.

Para fabricantes, exportadores y marcas, el desafío ya no consiste únicamente en competir por precio o calidad, sino en operar en un contexto donde las reglas del comercio cambian con rapidez y la demanda pierde dinamismo.

Las tensiones en Oriente Medio, la guerra entre Rusia y Ucrania y otros conflictos regionales continúan afectando la estabilidad de las cadenas logísticas internacionales. A ello se suma el incremento de los precios del petróleo, que repercute directamente en el costo del transporte marítimo, terrestre y aéreo, así como en el precio de numerosas materias primas derivadas de los hidrocarburos utilizadas por la industria textil y de la confección.

En las últimas semanas, el costo de transportar un contenedor de 40 pies entre China y el Mediterráneo aumentó cerca del 50%, alcanzando valores similares a los registrados durante la crisis del Mar Rojo. El temor a nuevas interrupciones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz o Bab el-Mandeb -en el ingreso al Mar Rojo- ha llevado a importadores estadounidenses y europeos a adelantar compras para asegurar abastecimiento antes de posibles nuevas restricciones logísticas y comerciales. Pero el futuro cercano esta marcado por la incertidumbre.

Sin embargo, el principal problema ya no es únicamente el transporte. Los indicadores de consumo muestran una pérdida gradual del poder adquisitivo de los hogares tanto en Estados Unidos como en Europa. La inflación acumulada de los últimos años, el aumento de los costos energéticos y las elevadas tasas de interés continúan limitando el gasto de los consumidores. En Estados Unidos, las ventas minoristas crecieron apenas un 0,2 % en junio, mientras que las ventas de tiendas de ropa descendieron un 0,3%, reflejando una mayor prudencia en las compras. En la Unión Europea, las importaciones de prendas de vestir cayeron casi un 10% entre enero y mayo, una señal de que los grandes compradores están reduciendo pedidos y administrando con mayor rigor sus inventarios.

Las empresas de moda también enfrentan nuevas exigencias regulatorias. La prohibición de destruir prendas y calzado no vendidos, que comienza a aplicarse en la Unión Europea para las grandes compañías, obliga a planificar mejor las compras, reducir excedentes y acelerar la reposición de productos. El resultado es una tendencia hacia pedidos más pequeños, entregas más frecuentes y una mayor presión sobre toda la cadena de suministro.

A este escenario se agrega otro factor de incertidumbre: la política comercial de Estados Unidos. La administración de Donald Trump continúa modificando aranceles y condiciones de acceso a su mercado, generando un clima de inestabilidad que dificulta la planificación de importadores y exportadores. Más allá de algunos acuerdos bilaterales, como el recientemente implementado entre India y el Reino Unido, las decisiones unilaterales sobre tarifas aduaneras están debilitando la previsibilidad que durante décadas caracterizó al comercio internacional y poniendo bajo tensión el sistema de reglas construido en el marco de la Organización Mundial del Comercio.

Como consecuencia, numerosas empresas estadounidenses y europeas decidieron adelantar importaciones para evitar posibles incrementos arancelarios y nuevos aumentos de los costos logísticos. Esta estrategia explica el fuerte crecimiento del movimiento de cargas en los puertos norteamericanos durante los últimos meses, pero también incrementa la presión sobre la capacidad de transporte y contribuye al aumento de los fletes.

Todo indica que los próximos meses estarán marcados por un contexto de mayor volatilidad. Diversos fabricantes europeos ya anticipan aumentos de entre el 10% y el 20% en los costos de producción para las colecciones del próximo año, impulsados por el encarecimiento de la energía, el transporte y las materias primas.

Frente a este panorama, las empresas de indumentaria deberán extremar la planificación, monitorear permanentemente la evolución de los mercados y administrar con mayor precisión sus inventarios. La competitividad seguirá siendo importante, pero la capacidad de adaptarse rápidamente a un escenario internacional cambiante será, probablemente, el principal factor de éxito para la industria en los próximos años.

Pero ninguno de estos disturbios pasará sin dejar huellas. La actual caída del consumo a lo ancho del mundo no muestra una compra más selectiva de bienes sino claramente un notoria baja en la calidad de vida de la población mundial. Esta pérdida del ‘estado de bienestar’ en los países desarrollados y de puestos de trabajo -sea industriales como comerciales- en todo el universo es una situación que debe generar preocupación.
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Fibre2Fashion / La Conceria / Comunidad Textil

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Prevén una mayor producción mundial de algodón y además sigue creciendo el consumo

La producción mundial de algodón para la campaña 2026-2027 alcanzaría los 117,26 millones de fardos, según el último informe WASDE del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), que elevó sus previsiones respecto al mes anterior debido principalmente a las mejores cosechas esperadas en Brasil, Estados Unidos, Turquía y Asia Central. El aumento de la oferta permitirá una ligera recuperación de los stocks finales, pese al crecimiento del consumo industrial global.

El informe de julio del USDA proyecta que la producción mundial será superior a los 116,04 millones de fardos estimados en junio. Al mismo tiempo, el consumo mundial fue revisado levemente al alza hasta los 121,95 millones de fardos, frente a los 121,76 millones previstos anteriormente, impulsado especialmente por una mayor producción industrial en Vietnam.

El comercio internacional de algodón se mantendría prácticamente estable, con 43,34 millones de fardos, mientras que la oferta total mundial se ubicaría en 192,98 millones de fardos. En este escenario, las existencias finales para 2026-2027 se estiman en 71,22 millones de fardos, apenas por encima de los 71,13 millones previstos en junio. La relación entre stocks y consumo quedaría en el 58,4%, reflejando un mercado con una disponibilidad algo más holgada que la prevista inicialmente.

Entre los factores que explican la mejora de la producción mundial destaca el desempeño de Brasil, que continúa consolidándose como uno de los principales proveedores internacionales de fibra, junto con la recuperación esperada en Estados Unidos y Turquía. El incremento de la cosecha brasilera también tendrá impacto en el comercio mundial, debido al papel creciente del país sudamericano en las exportaciones.

Para la campaña 2025-2026, en cambio, el USDA había reducido su estimación de producción mundial en 750.000 fardos, principalmente por una cosecha brasilera menor a la esperada. El consumo global también fue ajustado ligeramente a la baja, hasta 119,95 millones de fardos, debido a una menor demanda en Pakistán que compensó el crecimiento registrado en Vietnam. Las exportaciones aumentaron cerca del 1%, impulsadas por mayores envíos desde Brasil, mientras que las existencias finales descendieron unas 900.000 balas.

En Estados Unidos, uno de los principales actores del mercado algodonero mundial, la previsión para 2026-2027 fue revisada al alza. La producción estadounidense se calcula ahora en 13,70 millones de fardos, frente a los 13,30 millones estimados en junio, debido a una mayor superficie sembrada. Como consecuencia, las existencias finales subirían a 4,10 millones de fardos, manteniéndose las previsiones de exportaciones en 12,30 millones y el consumo interno de hilanderías en 1,60 millones de fardos.

El USDA también ajustó a la baja el precio medio del algodón estadounidense para la campaña 2025-2026, que quedó en 62,5 centavos de dólar por libra. La evolución de los stocks, la demanda de las hilanderías y el comportamiento de las grandes economías textiles serán factores determinantes para la evolución de los precios internacionales durante los próximos meses.
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Fibre2Fashion / Comunidad Textil

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China ya no paga salarios de miseria, tiene un sistema de competitividad extrema en un mundo que rompió las reglas

Cada vez que una fábrica textil o de confecciones cierra en América Latina, la explicación suele repetirse casi como un dogma: “es imposible competir con China porque allí los trabajadores cobran salarios miserables”. Sin embargo, esa afirmación ya no refleja la realidad de la mayor potencia manufacturera del planeta. Entonces, en un mundo que aplica aranceles que enterraron las normas del comercio internacional, A. Latina tiene que recuperar la iniciativa.

La producción china, por su magnitud y desarrollo, ha llegado a una eficiencia y escala nunca registrada en la historia de la industria. Por esto, es preciso que los países que quieran preservar sus industrias recuperen la iniciativa y activen mecanismos eficientes, tomando en cuenta que los EE.UU. y gran parte del mundo han resuelto que la OMC ya no existe.

Actualmente, un operario industrial chino percibe ingresos que, según la región y la especialidad, oscilan entre los US$ 800 y los US$ 1.100 mensuales. En los costos laborales pesan también los aportes patronales obligatorios destinados a jubilación, salud, seguros y fondos de vivienda, que incrementan el costo laboral entre un 30% y un 40%. Eso sí, en numerosas fábricas, además, los trabajadores reciben alojamiento, alimentación y transporte subsidiados, si provienen de zonas alejadas.

No se trata, por lo tanto, de una estructura basada exclusivamente en mano de obra barata. La verdadera ventaja competitiva de China comenzó a construirse hace más de tres décadas mediante una política industrial de largo plazo. Mientras buena parte de Occidente trasladaba su producción a Asia buscando reducir costos, el gigante asiático aprovechó ese proceso para desarrollar el ecosistema manufacturero más grande y eficiente del mundo.

Hoy, las principales regiones productoras de calzado concentran miles de empresas que producen a muy grande escala –y por lo tanto a precios ultracompetitivos- fibras, hilados, tejidos, avíos, maquinaria, moldes, confecciones, químicos, envases y toda la gama productos y servicios que requiere una fábrica. Esa integración de toda la cadena permite reducir tiempos, minimizar costos de transporte, acelerar el desarrollo de nuevos productos y producir millones de pares con una eficiencia difícil de igualar.

A ello se agregan infraestructura de primer nivel, puertos altamente eficientes, energía relativamente competitiva, una fuerte incorporación de automatización y una productividad que continúa creciendo año tras año. Esa combinación explica gran parte de la diferencia de costos.

Hasta hace poco, las investigaciones internacionales por subsidios estatales o prácticas de dumping en determinados sectores se podían dirimir en el seno de la Organización Mundial del Comercio, OMC, para aplicar derechos compensatorios o medidas antidumping. Sin embargo, en los tiempos resientes los Estados Unidos y los países europeos, grandes mentores de la organización, han puestos sus reglas en desuso. En el futuro habrá que estudiar cómo se sostiene el comercio internacional, que desde el viejo GATT buscaba infructuosamente alcanzar algún tipo de armonía.

Sin embargo, reducir toda la ‘competitividad china’ a la concreción de prácticas de dumping es desconocer la magnitud de su transformación industrial, por lo tanto es hora de buscar soluciones puertas adentro de los países. Y aquí, especialmente, nos ocupa -y preocupa- América Latina.

En numerosos países de la región, las industrias enfrentan elevadas cargas tributarias, costos financieros muy superiores a los de sus competidores, infraestructura insuficiente, presión burocrática, elevados costos logísticos y, en algunos casos, políticas cambiarias que abaratan artificialmente las importaciones y encarecen la producción local. El resultado es que empresas medianas o pequeñas terminan compitiendo, prácticamente sin herramientas, contra conglomerados que producen para mercados de cientos o miles de millones de consumidores.

Frente a ese escenario, la solución no puede ser empobrecer a los trabajadores reduciendo salarios para acercarse a los costos asiáticos. Una economía con salarios deprimidos también tiene consumidores más pobres, menor demanda interna, menos inversión, menor capacidad de innovación y no puede planificar un futuro de crecimiento. La competitividad basada únicamente en bajos ingresos laborales suele convertirse en una carrera que nunca puede ganarse.

El verdadero desafío consiste en aumentar la productividad sin deteriorar el nivel de vida de sus trabajadores. Eso requiere reglas de juego estables durante décadas, financiamiento a bajo costo para invertir en tecnología, infraestructura moderna, simplificación administrativa, una estructura tributaria que distribuya de manera más equitativa la carga fiscal y una administración racional del comercio exterior.

Las pequeñas y medianas empresas -que generan la mayor parte del empleo industrial en América Latina- necesitan un entorno que incentive la inversión y la formalización, mientras que el combate a la evasión y la revisión de beneficios fiscales injustificados deberían permitir que el esfuerzo tributario no recaiga desproporcionadamente sobre quienes producen, invierten y generan trabajo.

La discusión tampoco debería limitarse a la apertura o al cierre de las importaciones. Los países tienen derecho a utilizar mecanismos de defensa comercial cuando existen daños comprobados para sus industrias. El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la competencia internacional y la preservación del entramado productivo nacional, especialmente en los sectores de uso de mano de obra intensiva.

La experiencia china deja una enseñanza que muchas veces pasa inadvertida: ningún país construyó una potencia industrial reduciendo los salarios de sus trabajadores y la seguridad social. Lo hizo invirtiendo en productividad, infraestructura, innovación, educación, ciencia y tecnología, y planificación de largo plazo.

Quizás esa sea la principal reflexión para América Latina. La discusión no debería centrarse en cuánto gana un obrero chino, sino en qué políticas públicas permiten que una empresa latinoamericana pueda competir, invertir y crecer sin perder rentabilidad y, al mismo tiempo, ofrecer empleos de calidad. Solo así será posible sostener una industria textil, de confecciones y moda capaz de enfrentar con éxito los desafíos de una economía cada vez más globalizada.
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Financial Times / ayg-group / Msure / ebs.publicnow / Comunidad Textil

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Paraguay y Brasil impulsan la Paraguay Business Week para fortalecen la integración

Presentación del Paraguay Business Week (PBW) 2026.

Paraguay y Brasil refuerzan su alianza económica con la firma de un convenio de cooperación para organizar y promover conjuntamente la Paraguay Business Week (PBW) 2026. El evento se realizará en Ciudad del Este y los organizadores aspiran a superar los 10.000 visitantes, fortaleciendo el posicionamiento de Paraguay como plataforma regional para inversiones, comercio e integración productiva.

El acuerdo fue suscripto entre el Ministerio de Industria y Comercio (MIC) de Paraguay, a través de Rediex, y la Cámara de Comercio Paraguay-Brasil (CCPB). Contempla la definición conjunta de la estrategia del evento, la promoción internacional y una política coordinada de comunicación para atraer empresas, inversores y compradores de toda la región.

La iniciativa toma impulso tras los resultados obtenidos en la edición anterior. Según datos oficiales, la Paraguay Business Week y la Expo Paraguay-Brasil reunieron cerca de 1.000 empresas de diez países, generaron más de 2.800 reuniones de negocios e intenciones comerciales superiores a US$ 421 millones, cifras que superaron ampliamente las expectativas de los organizadores.

Para la industria textil y de confecciones, la consolidación de este encuentro representa una oportunidad estratégica. Brasil es el principal socio comercial de Paraguay y uno de los mayores destinos de sus exportaciones industriales. En 2025 concentró el 25,9% del comercio exterior paraguayo y recibió el 31% de las exportaciones del país.

Además, Paraguay se ha convertido en un proveedor cada vez más relevante para la industria brasilera. Impulsado por el crecimiento del régimen de maquila y su competitividad industrial, hoy figura como el principal origen regional de las importaciones brasileras de textiles y prendas de vestir, consolidando una integración productiva que continúa ganando dinamismo.

Durante los primeros meses de 2026, el intercambio comercial bilateral creció cerca de un 9%, impulsado por sectores como textiles, confecciones, calzado, autopartes y manufacturas. En ese contexto, la Paraguay Business Week apunta a convertirse en una plataforma para generar nuevos encadenamientos productivos, atraer inversiones y fortalecer las cadenas regionales de suministro, cada vez más relevantes frente a los desafíos del comercio internacional.
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Micparaguay / Rediex / Comunidad Textil
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Brasil: las importaciones de textiles profundizan el déficit comercial en el 1er semestre

Brasil es uno de los grandes productores de confecciones de A. Latina.

La industria textil brasilera incrementó su déficit comercial en el primer semestre de 2026, impulsado principalmente por el fuerte crecimiento de las importaciones de prendas de vestir. Entre enero y junio, el saldo negativo de la cadena textil alcanzó los US$ 498,7 millones, frente a los US$ 399,7 millones registrados en el mismo período de 2025, mientras que las compras externas de ropa aumentaron un 30,8% y llegaron a US$ 1.527 millones.

Según los datos de la balanza comercial textil de Brasil, el comercio internacional del sector mostró una expansión en ambos sentidos. Las exportaciones totalizaron US$ 3.263 millones en los primeros seis meses del año, un crecimiento del 10,2% respecto al primer semestre de 2025, mientras que las importaciones alcanzaron US$ 3.762 millones, con un aumento del 11,9%.

El principal motor exportador continúa siendo el algodón, que consolidó a Brasil como uno de los grandes proveedores mundiales de fibra. Las ventas externas de algodón sumaron US$ 2.793 millones, un incremento del 12,5% frente al mismo período del año anterior. En contraste, las importaciones de esta materia prima cayeron hasta US$ 2,4 millones, frente a los US$ 3,5 millones de 2025.

El mayor motivo de preocupación para la industria local sigue siendo el avance de las prendas importadas. Las compras externas de ropa pasaron de US$ 1.167 millones en el primer semestre de 2025 a US$ 1.527 millones en 2026, mientras que las exportaciones brasileras de confecciones apenas crecieron, alcanzando US$ 101,5 millones frente a los US$ 95,6 millones del año anterior.

El segmento denim presentó un comportamiento mixto. Aunque las exportaciones acumuladas todavía muestran una caída del 6,7%, con US$ 21,8 millones frente a US$ 23,4 millones en 2025, el mes de junio registró una recuperación significativa, con un aumento del 75% respecto a mayo y del 14% en comparación con junio del año anterior. Sin embargo, las importaciones de denim encendieron una señal de alerta: crecieron más de ocho veces en el acumulado del semestre, aunque todavía representan un volumen reducido frente al ingreso de prendas terminadas.

En junio, las exportaciones textiles brasileñas crecieron un 51% interanual, aunque retrocedieron un 18% respecto de mayo debido principalmente a la menor salida de algodón y prendas. Las ventas externas de algodón disminuyeron un 26,6% mensual, mientras que el denim mostró un fuerte avance.

Por el lado de las importaciones, junio mostró una leve desaceleración, con una baja del 0,93% respecto a mayo, hasta US$ 555,2 millones. Sin embargo, la presión sobre el mercado interno continúa: las compras de prendas extranjeras alcanzaron US$ 206,9 millones en el mes, un 31% más que en junio de 2025.
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Abit / Gbljeans /Comunidad Textil
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En busca de ampliar marcado, Adidas prueba con ropa para los animales de compañía

Adidas para animales de compañía.

A medida que la tasa de natalidad desciende a nivel planetario, las mascotas ganan protagonismo. La industria de productos y servicios para animales mueve miles de millones dólares al año y cada vez ofrece más opciones. La marca alemana se sumó a la tendencia con una propuesta para que los perros tengan un look similar a sus dueños.

En 1950, la tasa de natalidad promedio era de 5 o 6 hijos por mujer. En la década del 60 comenzó una tendencia a la baja que se profundizó en los últimos años. La tasa actual ronda los dos hijos por mujer. En paralelo, la adopción de animales de compañía marcó una tendencia ascendente en forma continuada. De hecho, en la ciudad de Buenos Aires hay un 7% más de perros que de niños menores de 14 años.

El mercado de servicios y accesorios para mascotas (sin contar los alimentos) representan un volumen de casi US$ 90.000 millones. El crecimiento está impulsado por el “antropomorfismo” (tratar a las mascotas como miembros de la familia) y la industria responde con una variada oferta de productos.

Ahora, los usuarios de ropa Adidas pueden vestir a sus mascotas con prendas de la misma marca. Adidas Originals es una colección pensada para perros cuya principal artículo es la camiseta Cali Tee, elaborada 100% en algodón y disponible en dos combinaciones de color: blanco marfil con azul o verde. El diseño incluye bordados, las clásicas franjas y un estampado urbano.

La colección se completa con collares de cuero con acabados metálicos dorados, remaches y colgantes con el logo de la marca.
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Fashion Network / Comunidad Textil
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En el 1er. trimestre las tiendas departamentales de América Latina crecieron sólo un 2%

El Palacio de Hierro

El retail de moda de América Latina moderó su crecimiento. Tras haber cerrado el último ejercicio fiscal completo con una facturación conjunta un 10% superior a la de 2024, Cencosud, Falabella, Liverpool, Ripley y El Palacio de Hierro, con una facturación conjunta de US$ 11.855,9 millones, lograron elevar sus ingresos en un escaso 2,18%.

El incremento es considerablemente más bajo a la evolución que tuvieron Cencosud, Falabella, Liverpool, Ripley y El Palacio de Hierro durante el ejercicio pasado. En el primer trimestre de 2025, los cinco grandes almacenes lograron incrementar un 6,3% su facturación conjunta, cifra similar a la que anotaron en el segundo y tercer trimestre del año.

Ripley

Además, el sector cerró el ejercicio anual con un alza del 10% de sus ingresos, hasta US$ 51.305 millones. El débil crecimiento del primer trimestre de 2026 se explica con los flojos ingresos que obtuvieron principalmente Cencosud y Liverpool.

El gigante chileno anotó entre enero y marzo una facturación de US$ 4.472 millones, un 0,23% más que el año anterior. Por su parte, Liverpool tropezó un 0,23%, hasta situar sus ventas en US$ 2.616 millones.

Los otros tres grupos latinoamericanos de grandes almacenes obtuvieron mejores resultados. El que más creció en el primer trimestre fue Falabella, con un alza del 6,5%, hasta US$ 3.443 millones, seguido de El Palacio de Hierro, cuya cifra de negocio fue de US$ 764 millones, un 4,2% más. Por último, Ripley sostuvo un crecimiento del 2,3% entre enero y marzo, hasta US$ 560 millones.

Falabella

Si bien la facturación conjunta de los cinco grandes almacenes de Latinoamérica logró mantenerse al alza, el beneficio se contrajo durante el primer trimestre del año. De hecho, Falabella fue la única compañía del sector que mantuvo sus utilidades al alza, con un incremento interanual del 22,2%, hasta US$ 253 millones, siendo también la empresa que más beneficios obtuvo en términos de valor.

El resto de los grupos de tiendas departamentales redujeron sus ganancias a doble dígito en los primeros tres meses del año. El que más las desplomó fue Ripley, con una caída del 36%, hasta US$ 10,8 millones. Cencosud y El Palacio de Hierro redujeron su beneficio un 19%, mientras que la mexicana Liverpool ganó un 17% menos en el primer trimestre.

Liverpool

Pese a las caídas, los cinco grandes grupos de tiendas departamentales de Latinoamérica cerraron el primer trimestre con utilidades. El dato contrasta con el primer trimestre de 2025, cuando Cencosud y Ripley llegaron al cierre del periodo en números rojos. En total, el beneficio conjunto de Cencosud, Falabella, Liverpool, Ripley y El Palacio de Hierro fue de US$ 511,6 millones, un 2,9% menos que en primer trimestre de 2025.
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MODAES / Comunidad Textil

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El mercado de EEUU marca consumidores con confianza en baja y compras selectivas

EE.UU. Compradores en tiendas.

El sector textil y del calzado de los Estados Unidos atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. Es que la confianza del consumidor cayó a niveles históricamente bajos, el mercado sigue mostrando señales contradictorias entre desaceleración del consumo, presión sobre precios y cambios acelerados en los hábitos de compra. Por lo tanto, para fabricantes, exportadores y marcas de América Latina, el escenario estadounidense presenta riesgos crecientes, pero quizás también oportunidades específicas en segmentos que logren adaptarse a un consumidor más selectivo y sensible al precio.

El índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan descendió en mayo de 2026 hasta 44,8 puntos, el nivel más bajo registrado históricamente, afectado por inflación, aumento del costo de vida, la incertidumbre geopolítica y mayores gastos en energía y combustibles. Más del 57% de los consumidores estadounidenses identifican el aumento de precios como la principal causa del deterioro de sus finanzas personales.

Este deterioro del ánimo del consumidor ya impacta directamente sobre el mercado de indumentaria y calzado. Diversos estudios muestran que los hogares estadounidenses están postergando compras, priorizando productos esenciales y buscando alternativas de menor precio. Según un relevamiento conjunto de AlixPartners y Footwear Distributors and Retailers of America, el 67% de los consumidores abandona compras de calzado por cuestiones de precio y el 65% por falta de stock o talles disponibles.

El informe también refleja que el consumidor estadounidense está redefiniendo el concepto de “casual”, privilegiando productos versátiles y funcionales frente a categorías más vinculadas a moda aspiracional o consumo impulsivo. Las mayores caídas en intención de compra se observan en calzado de vestir, moda formal y productos premium, mientras que el segmento casual mantiene mayor estabilidad.

En paralelo, el sector enfrenta una creciente presión sobre márgenes debido a aranceles impuestos a las importaciones, mayores costos logísticos y cautela en el manejo de inventarios. Moody’s Ratings advirtió que las políticas comerciales y los aranceles continuarán afectando la rentabilidad del retail de indumentaria y calzado durante gran parte de 2026, especialmente en empresas dependientes de importaciones asiáticas.

Sin embargo, el mercado no muestra un derrumbe uniforme. Algunos segmentos siguen registrando crecimiento moderado. Las ventas minoristas de indumentaria, calzado y moda crecieron 4% interanual en abril de 2026, aunque con una desaceleración respecto del fuerte comienzo de año. Asimismo, grandes cadenas deportivas continúan mostrando demanda relativamente sólida en indumentaria y calzado deportivos y athleisure, impulsadas por consumidores que siguen priorizando bienestar, confort y productos multifuncionales.

Otro fenómeno relevante es el fuerte crecimiento de cadenas off-price y tiendas de descuento como Walmart, Ross Stores y TJX Companies, beneficiadas por consumidores cada vez más orientados hacia promociones y precios bajos. Analistas y consumidores destacan que estas cadenas están captando clientes incluso en segmentos de ingresos medios y altos, aprovechando la sobreoferta y los excedentes de inventario del mercado.

Para empresarios textiles y confeccionistas latinoamericanos, el panorama estadounidense exige una estrategia mucho más precisa que en años anteriores. Los especialistas sostienen que la competencia será cada vez más intensa y el consumidor menos tolerante a precios altos o productos poco diferenciados. En este contexto, las mayores oportunidades parecen concentrarse en segmentos vinculados a confort, casualwear, athleisure, moda funcional, sustentabilidad y productos con buena relación entre calidad y precio.

Al mismo tiempo, la reorganización global de cadenas de abastecimiento y el avance del nearshoring continúan favoreciendo a proveedores más cercanos al mercado estadounidense, especialmente aquellos capaces de ofrecer velocidad de respuesta, producción flexible y menores tiempos logísticos.
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Trading Economics / Modaes / Comunidad Textil

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Con aumento de la demanda y caída en la producción, el algodón desafía al mercado

El mercado mundial del algodón se encamina hacia un escenario de mayor tensión en la campaña 2026/27, con implicancias directas para la industria textil global. El último informe WASDE del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) proyecta una caída de la producción y de las existencias mundiales, mientras el consumo alcanzaría el nivel más alto de los últimos seis años.

Según las estimaciones oficiales, la producción mundial descendería un 5%, hasta ubicarse en 116 millones de fardos de 480 libras, debido principalmente a menores cosechas en grandes países exportadores como Estados Unidos, Brasil, China, Pakistán y Australia. Aunque India y Argentina aumentarían su producción, ese crecimiento no compensaría la caída global de la oferta.

Al mismo tiempo, el consumo mundial subiría hasta 121,7 millones de fardos, impulsado por un factor clave para el sector textil: el aumento del costo de las fibras sintéticas derivado de la crisis energética y petrolera internacional. Con el encarecimiento del poliéster y otras fibras artificiales, el algodón vuelve a ganar competitividad y atractivo para fabricantes y marcas de indumentaria.

Para los empresarios textiles, este cambio representa tanto una oportunidad comercial como un desafío de abastecimiento. El renovado interés por las fibras naturales coincide con una reducción de las existencias finales mundiales, que caerían a 71,8 millones de fardos, es decir, 5,4 millones menos que en la campaña anterior. Esta combinación de mayor demanda y menor stock genera expectativas alcistas sobre los precios internacionales.

Estados Unidos, uno de los principales proveedores mundiales, también vería afectada su producción. El USDA estima una cosecha de 13,3 millones de fardos para 2026/27, unos 600.000 fardos menos que en la campaña previa. Como consecuencia, las existencias estadounidenses bajarían hasta 3,9 millones de fardos y el precio promedio al productor aumentaría de 61 a 73 centavos de dólar por libra.

En el comercio internacional, Brasil se consolidaría como el principal exportador mundial con 15 millones de fardos, seguido por Estados Unidos con 12,3 millones.

El nuevo escenario obliga a la industria textil a replantear estrategias de abastecimiento, cobertura de precios y composición de materias primas. Para muchas empresas, asegurar contratos anticipados y diversificar proveedores podría convertirse en un factor decisivo ante un mercado que comienza a mostrar señales claras de menor disponibilidad y mayores costos.
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Fibre2Fashion / Comunidad Textil

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