
La industria textil y de la indumentaria de Argentina atraviesa la crisis más profunda de su historia. Una más que severa caída del consumo está generando la quiebra de la producción, el cierre de empresas y la pérdida de los puestos de trabajo, como resultante de políticas que van en el sentido contrario de lo que hacen los países industrializados.
La crisis que está reduciendo la dimensión de una cadena industrial que desde hace más de medio siglo crea empleo y actividad en prácticamente todo el país. Este cambio de situación es generado por la fuerte caída de los salarios y jubilaciones, a lo que se suma la catarata de pérdida de fuentes de trabajo y de despidos en el ámbito estatal. Los ingresos pierden contra la fuerte inflación, disparada en gran medida por aumentos de los servicios públicos que más que duplican el índice de suba del resto de los pecios de productos.
La caída de la demanda produjo desde diciembre de 2023, en todo el complejo textil, confección, calzado y moda, el cierre de miles de establecimientos productivos y comerciales, resultando en la pérdida de casi 30.000 puestos de trabajo registrados.
La industria textil -que invirtió más de US$ 1.500 millones en los primeros tres años de esta década-, registró en 2026 una caída del 31% frente a 2023. En tanto que la fabricación de prendas de vestir, artículos de cuero y calzado sumó sólo en el primer cuatrimestre del año un retroceso del 15,4%, sobre la base de un 2025 que había sido catastrófico para el sector.
Junto a la baja de la demanda, las medidas adoptadas y la falta de controles están produciendo una avalancha de importaciones y también la llegada ilegal de mercaderías. Por ejemplo, entre enero y mayo de 2026 ingresaron 26.651 toneladas de indumentaria, un 73% más que en igual período de 2025 y 268% más que en 2022. En dólares, las compras alcanzaron unos US$ 369 millones, un 39% por encima del año anterior.
Pero la situación de deterioro permanente hace que las cifras queden día a día lejos de la realidad.
Por el constante cierre de plantas productivas cae también la actividad de los diversos eslabones fabriles que las abastecen localmente de materias primas e insumos. Y también de calificados servicios.
El deterioro comenzó con fuerza a partir de la contracción del mercado interno. Los consumidores argentinos perdieron capacidad para destinar dinero a bienes considerados ‘postergables’ y la indumentaria quedó entre los primeros rubros afectados.
La situación se refleja en el comercio minorista que después de un junio excepcionalmente impulsado por el aguinaldo y el Mundial de fútbol tuvo un ligero repunte. Sin embargo, a partir de julio las ventas del sector volvieron a caer fuertemente, marcando cuál realmente es la tendencia.
Por ello crece en todo el país la disponibilidad de locales comerciales vacíos, empezando por los espacios de las principales avenidas comerciales. Y los principales centros comerciales, que tienen en la indumentaria y la moda como principal exponente, estan planificando destinar sus espacios para otro tipo de actividades.
Para Claudio Drescher, presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), el problema central es precisamente la demanda. El dirigente ha advertido que la ropa dejó de venderse, independientemente de su precio, y que las empresas deben recurrir a promociones y liquidaciones por debajo del costo para generar liquidez. La situación se vuelve especialmente crítica porque el empresario enfrenta simultáneamente un mercado deprimido y la competencia externa -básicamente de productos de Asia- que puede ofrecer artículos a precios muy inferiores. Pero aún así el nivel de ventas de importados esta prácticamente estancada.
La industria, además, debe competir contra una estructura de costos internos que los empresarios consideran difícilmente sostenible. Impuestos de diverso tipo, altos costos de energía y transporte, alquileres, financiación y otros componentes pesan sobre el precio final de una prenda nacional. En tanto, los productos importados ingresan beneficiándose de economías de escala y costos de producción sustancialmente inferiores y exenciones establecidas por las actuales autoridades.
Por su parte, la Fundación ProTejer –de incansable actividad en la defensa del sector textil confeccionista- reitera que la apertura comercial se produjo con rapidez y sin una reducción equivalente de la carga tributaria que soporta la producción argentina. A esta competencia se agregó el crecimiento explosivo de las compras internacionales mediante plataformas digitales, cuyo nivel de exención se amplió, a contracorriente de lo que hicieron EE.UU. y la Unión Europea.
Las operaciones de courrier vinculadas a plataformas como Shein y Temu crecieron 274,2% durante 2025, acelerando el ingreso directo de productos extranjeros al consumidor argentino. El problema planteado por las entidades industriales no es solamente el precio: las empresas locales sostienen que deben competir cumpliendo normas laborales, impositivas, ambientales y de seguridad que no cumplen quienes venden directamente desde el exterior.
Existe además un mercado informal alimentado por el ingreso ilegal de productos, la llegada de ropa usada y productos de bajo precio que entran a través de las fronteras escasamente vigiladas. En particular, el corredor Iquique-Bolivia-Argentina aparece como circuito de circulación de ropa nueva y usada hacia nuestro país. Los empresarios de diversas provincias aseguran que la mercadería ingresa, circula y se vende sin ningún control, ya que ven pasar los transportes sin que haya procedimientos de las autoridades ni decomisos, y estos llegan así a ciudades de todo el país.
El daño laboral también puede ser considerablemente mayor que el reflejado por las estadísticas oficiales. Los datos de empleo mencionados corresponden a trabajadores registrados. Pero se sabe que el sector confección posee históricamente un sector notoriamente informal. Estudios de Fundar estimaron que 76% de las mujeres ocupadas en confección trabajaba en condiciones informales. En consecuencia, se calcula que los despidos y cierres que aparecen en los registros oficiales representan solamente una parte del impacto sobre los puestos de trabajo.
La combinación de consumo debilitado, producción en retroceso, importaciones récord, venta a través de plataformas online extranjeras, informalidad y pérdida de empleo está alterando la estructura misma de la cadena. Además, el perjuicio a los productos terminados se extiende a la elaboración y venta de una larga cadena de materias primas, insumos y servicios, quebrando la cadena de proveedores que dependen de la demanda industrial.
Quienes están ligados a estas industrias advierten sobre la destrucción del tejido industrial y una cadena de valor que se ha desarrollado a través de décadas de enormes inversiones, formación de recursos humanos y desarrollo de un importante mercados. Además, se está perdiendo una potente estructura generadora de trabajo y riqueza, en un país que produce la mayor parte de las materias primas necesarias y diseño de calidad.
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