
El conflicto armado en Oriente Medio y las crecientes tensiones geopolíticas están provocando en el mundo una nueva escalada de costos que amenaza con desarticular la cadena productiva textil y de la indumentaria a escala mundial.
El aumento del petróleo, el gas, el transporte y las materias primas golpea a fabricantes y marcas en un momento en que por la inflación que esto provoca, los consumidores enfrentan una pérdida sostenida de su capacidad adquisitiva.
Por esto la industria textil internacional está quedando atrapada entre dos fuerzas difíciles de conciliar como lo son la suba de los costos de producción y mercados donde los compradores tienen cada vez menos margen para gastar.
Los analistas económicos sostienen que la guerra en Oriente Medio constituye un episodio más de una sucesión de crisis que, desde la pandemia, han alterado profundamente el funcionamiento del comercio y la producción global.
El encarecimiento de la energía ocupa un lugar central en esta nueva amenaza, dado que el petróleo y el gas son fundamentales para el transporte internacional, la generación energética y la fabricación de numerosos productos químicos utilizados en la industria textil. Cualquier interrupción o encarecimiento de su suministro repercute rápidamente sobre toda la cadena, desde la producción de fibras hasta la distribución de las prendas.
El poliéster, derivado de combustibles fósiles, ha sido una de las materias primas más afectadas. En China, su precio alcanzó recientemente su nivel más elevado en casi cuatro años, mientras algunos fabricantes textiles registraron aumentos de hasta el 25% en el precio del hilado, pocas semanas después del inicio del conflicto. El algodón tampoco quedó al margen ya que las dudas sobre el suministro, la escasez de fertilizantes y las amenazas climáticas sobre las cosechas contribuyeron a elevar sus cotizaciones.
Las empresas pueden sustituir parcialmente una fibra por otra cuando los precios se modifican, pero cuando el algodón y el poliéster aumentan simultáneamente, desaparece una de las principales herramientas de adaptación de fabricantes y marcas.
La presión alcanza también a los tejidos, tintes, productos químicos y demás insumos. Fabricantes europeos, asiáticos y de otros mercados han informado incrementos generales de sus costes de entre el 5% y el 8%, mientras que las empresas confeccionistas enfrentan márgenes que en muchos casos apenas alcanzan entre el 2% y el 3%.
Las materias primas pueden representar aproximadamente el 60% del costo de una camiseta básica, pero con una demanda debilitada las fábricas pierden su capacidad para trasladar los aumentos a sus clientes. Actualmente, muchas están tratando de absorber las pérdidas para no perder contratos y clientes internacionales.
La situación ya comienza a castigar a los grandes centros manufactureros de Asia, con las exportaciones de prendas de India que ya registraron nuevas caídas, mientras que Bangladésh enfrenta la paralización de buena parte de sus envíos de indumentaria hacia Oriente Medio.
Las marcas y los minoristas buscan trasladar en parte los aumentos al consumidor, reducir sus márgenes, modificar productos o presionar a sus proveedores. Algunas empresas ya estudian reducir el gramaje de los tejidos, simplificar diseños o alterar las mezclas de materiales para contener los costos. Sin embargo, estas estrategias también tienen límites. Las previsiones indican que las prendas básicas podrían experimentar aumentos de precios de entre el 10% y el 20%.
Con la inflación energética y alimentaria reduciendo el dinero disponible para bienes considerados no esenciales, entre ellos la ropa, las familias deben destinar una proporción creciente de sus ingresos a alimentación, transporte y servicios, por lo tanto comprar una camisa nueva deja de ser una prioridad.
Así, la industria textil enfrenta una paradoja cada vez más peligrosa: necesita aumentar precios para sobrevivir, pero cada aumento reduce potencialmente la demanda. En un mercado global altamente competitivo, empresas con márgenes mínimos quedan expuestas a una combinación explosiva de guerra, energía cara, materias primas inestables e inflación.
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