La demanda de los consumidores estadounidenses en sectores como calzado, marroquinería, textil, confecciones, indumentaria Y accesorios de moda, enfrenta actualmente una inusual crisis económica. La combinación de inflación, mayores aranceles a las importaciones y cambios estructurales en la forma de comprar moda ha desajustado los hábitos de los estadounidenses, provocando una fuerte sensación de inestabilidad. Con cerca del 75% del calzado y 78% de la ropa consumidos en EE.UU. que son importados, la política arancelaria de la Administración Trump esta impactando directamente en los precios de venta de un gran número de bienes y por consecuencia en las decisiones de gasto de los hogares.

Los aranceles impuestos a las prendas de vestir y otros productos que importa Estados Unidos alcanzaron en 2025 su nivel más alto en décadas, y los productos de algunos países clave pueden enfrentar cargos muy altos, lo que empuja los precios al consumidor.

En sectores como la indumentaria básica, los aumentos de precio han sido evidentes y se han reflejado en alzas de hasta casi 40% en algunos análisis, mientras calzado y prendas de mayor valor no escapan al impacto de estos costos adicionales transferidos a los estantes.

El comportamiento del consumidor estadounidense en 2025 mostró una mayor cautela frente a estos incrementos de precios. Las ventas minoristas totales han continuado creciendo y en gran parte de ese avance se explica por el alza de precios más que por mayores volúmenes vendidos. Esto cual indica que los hogares son sensibles a los cambios en el poder adquisitivo y es probable que la baja en las compras continúe.

En el rubro indumentaria hay una marcada tendencia a buscar mayor valor por dólar, canales de descuento y promociones, además de un notable interés en la reventa y el mercado de segunda mano, que evita costos arancelarios y ofrece alternativas más cercanas a los debilitados bolsillos de los consumidores.

Las marcas tradicionales han observado una reducción en la influencia de la “marca conocida” como factor decisivo de compra, reflejo del cansancio del comprador frente a precios elevados y una mayor voluntad de experimentar con múltiples fuentes y formatos de moda.

Los sectores dentro de esta industria no se comportan de manera uniforme. En indumentaria casual y básica, la demanda está más comprimida: los consumidores postergan compras discrecionales u optan por prendas de menor precio ante la incertidumbre económica actual. Por esto, la expectativa de crecimiento del gasto en ropa se ha desacelerado hacia alrededor del 1,5 % a comienzos de 2026, desde más del 3% en períodos anteriores.

En moda de gama media y alta, aunque algunos consumidores con mayor poder adquisitivo continúan comprando, el ritmo de ventas ha mostrado signos de ralentización y las marcas han tenido que ajustar precios o absorber parte de los aranceles para sostener volúmenes. El segmento de moda de lujo, por su parte, sigue siendo menos sensible a aranceles que al gasto discrecional general, pero está sujeto a reducciones puntuales en el tráfico de compras por la percepción de menor valor relativo frente a incrementos de costo de vida en otras áreas. En calzado deportivo y técnico, los aumentos esperados de precios han generado que muchos consumidores reconsideren su patrón de compra, optando por marcas de entrada o esperando ofertas, y esto influye en la rotación de inventarios.

Mirando hacia 2026, las proyecciones de mercado para la venta de productos de indumentaria y moda en EE.UU. apuntan a un crecimiento moderado en términos nominales, con estimaciones de expansión del mercado global de ropa y calzado alrededor de 2,6 % hacia 2026, aunque este promedio global incluye mercados fuera de los Estados Unidos y es probable nuevos cambios económicos que lo influya.

Los analistas de mercado sostienen que en Los Estados Unidos el crecimiento real del gasto en moda no crecerá e incluso puede ser negativo si se ajusta por inflación, reflejando la presión de los precios sobre el consumo ‘discrecional’. Aseguran que la estrategia de muchas empresas se esta orientando a diversificar sus fuentes de abastecimiento, con un desplazamiento de participación de proveedores como China hacia otros países del Sudeste Asiático. Asimismo, buscan negociar con proveedores para compartir el impacto de los aranceles, para no trasladar totalmente los costos al consumidor final.

Los industriales de Latinoamérica y otras regiones que exportan a EE.UU., están atentos a este panorama que implica una necesidad de revisar estrategias de precios, optimizar cadenas de valor y explorar acuerdos preferenciales. También piensan en fortalecer propuestas de producto que conecten con los consumidores que priorizan calidad, sostenibilidad y valor agregado frente a opciones más económicas y de menor calidad.
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Euromonitor / FashionUnited / Fibre2Fashion / Comunidad Textil

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