La indumentaria de la selección argentina de fútbol vestirá una casaca fabricada en Tailandia.

La polémica por la camiseta oficial de la Selección Argentina, que es fabricada en Tailandia y comercializada a 262.999 pesos argentinos, volvió a poner en primer plano la competitividad de la industria textil local y la estructura de costos que enfrenta el sector. El debate se produce en un contexto complejo: más de una docena de empresas redujeron o cerraron producción y las importaciones de indumentaria y calzado alcanzaron US$ 1.506 millones en 2025.

El presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), Claudio Drescher, cuestionó que la prenda del último campeón del mundo no se fabrique en el país. Es que la industria Argentina muy bien capacitada para producirla dado que es uno de los 15 que países en los que produce oficialmente la marca Adidas, sponsor de la Selección desde hace más de 25 años. Pero la compañía alemana define el país en el que se produce y esta vez decidió fabricarla en Tailandia.

En la industria confeccionista de Argentina aseguran que la calidad local cumple los mismos altos estándares internacionales que se requieren y que la diferencia de costo laboral con Tailandia ronda apenas el 20%. Sin embargo, aclaran, la incidencia de la mano de obra representa sólo aproximadamente el 20% del costo total de una prenda. Por lo tanto, sostienen, producir en el exterior no resulta determinante en el precio final.

Messi y sus compañeros van a representar a Argentina con prendas producidas en Tailandia.

Como ha planteado en forma reiterada el sector empresario, el problema está en la carga impositiva y financiera. Según Drescher, el precio arranca con 21% de IVA, 1,2% de impuesto al cheque, 1,8% de arancel de tarjeta, 14,85% por financiamiento en cuotas y alrededor de 15% de alquiler, lo que implica que el 55% del valor corresponde a impuestos y costos asociados antes de cubrir diseño, logística o publicidad. Para la entidad, esta estructura explica por qué el aumento de importaciones no se traduce en menores precios al consumidor sino en mayor presión sobre la producción nacional.

Entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025 se perdieron cerca de 20.000 empleos registrados en el sector textil y confecciones, mientras que las importaciones crecieron 61%. Sin embargo, los precios de indumentaria y calzado subieron 15,3% en 2025, frente a una inflación general del 31,5%, y desde 2022 acumulan aumentos muy por debajo del IPC.

Para los industriales, el desafío no es el costo laboral sino la necesidad de reducir impuestos, tasas, asimetrías regulatorias y el tema cambiario para ser competitivos, sostener empleo y la producción en un mercado cada vez más abierto.
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Infobae / Comunidad Textil

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