Presidentes Gustavo Petro, de Colombia, y Daniel Noboa de Ecuador.

Ecuador y Colombia ingresaron en una oscura batalla comercial, a partir de una acción inesperada del gobierno de Daniel Novoa, que actuó al más puro estilo Donald Trump, decidiendo la aplicación de manera unilateral de un arancel del 30% a las importaciones provenientes de Colombia. La situación genera una situación crítica para la industria de la moda de colombiana, que tiene un fluido comercio con el mercado ecuatoriano.

El presidente ecuatoriano Daniel Noboa vinculó la medida a la situación de violencia e inseguridad en la frontera norte, señalando como razones “la falta de cooperación efectiva de Colombia en la lucha contra el narcotráfico y los grupos criminales que operan en la zona limítrofe”. A pesar de las razones anunciadas, en general se interpreta que el principal argumento es económico.

El problema arancelario entre Ecuador y Colombia marcó un quiebre inesperado en una relación comercial históricamente fluida dentro de la Comunidad Andina, una medida que tomó por sorpresa tanto a las autoridades colombianas como a los sectores empresariales de ambos países.

Problemas en el paso fronterizo entre Colombia y Ecuador.

Ecuador, que tiene restringida sus decisiones económicas debido a que hace unas décadas aplicó la dolarización a su economía, viene registrando un déficit comercial sostenido frente a Colombia. Se estima que el gobierno había considerado que la presión comercial podía ser una herramienta para forzar cambios en la relación bilateral.

La respuesta de Bogotá fue inmediata. El gobierno colombiano calificó la decisión como contraria a los acuerdos de libre comercio vigentes en la Comunidad Andina y anunció aranceles recíprocos del 30% para productos ecuatorianos, además de otras medidas de impacto económico.

Entre ellas, se destacó la suspensión de la venta de electricidad a Ecuador, un suministro clave para el sistema energético del país vecino, y el endurecimiento de controles comerciales en la frontera.

A su vez, Ecuador redobló la apuesta con nuevas medidas, todas de gravedad para la paz regional. Novoa incrementó de forma significativa las tarifas por el tránsito de petróleo colombiano a través de su red de oleoductos, lo que fue interpretado por Colombia como una señal de que el conflicto había superado el plano estrictamente comercial. A partir de ese momento, medios regionales e internacionales comenzaron a hablar abiertamente de una “guerra comercial” entre dos socios estratégicos de la región andina.

El comercio bilateral, que en los últimos años había superado los US$ 2.500 millones anuales, se ve afectado por demoras, sobrecostos y una fuerte caída del flujo de mercaderías. En el Puente Internacional de Rumichaca, principal paso fronterizo, la actividad se redujo drásticamente, con largas filas de camiones y protestas de transportistas y cámaras empresarias que alertaron sobre pérdidas económicas y riesgos para el empleo.
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