WGSN propone destacar los orígenes locales de diferentes culturas de A. Latina

La compañía WGSN Mindset, que es una consultora estratégica global en tendencias de moda, plantea un escenario para la industria textil, de confecciones, la moda y el calzado en América Latina que es ambicioso: imaginar que la región deje de ser considerada únicamente un mercado emergente para convertirse en un referente global del retail.

Explica que para los empresarios del sector esto significaría una transformación profunda de la estrategia. Ya no se trataría solo de vender localmente o exportar como opción secundaria, sino de posicionar marcas, cadenas y plataformas latinoamericanas en el mapa mundial como líderes en diseño, producción, distribución y experiencia de cliente.

En primer lugar, este cambio de estatus exige una apuesta definitiva por la calidad y la innovación. En lugar de operar bajo el paradigma de “bajo costo para el mercado interno”, las empresas tendrán que elevar sus estándares para competir globalmente. Esto implica invertir en materiales sostenibles, procesos certificados, diseño creativo que refleje identidad regional y desarrollo de productos adaptados a audiencias globales.

En la práctica, una marca de moda latinoamericana que aspire a ser global debe competir con los mismos estándares de producción, logística, marketing digital, imagen de marca, presencia omnicanal y servicio al cliente que tienen los grandes del sector en Europa o Asia.
En segundo lugar, la cadena logística y de distribución se convierte en un factor clave, sostiene WGSN.

Las marcas que transformen sus orígenes en un diferenciador competitivo ocuparán un lugar único en las emociones de los clientes.

Para que Latinoamérica sea un referente global, no basta con producir y diseñar. La rapidez, eficiencia y fiabilidad de la distribución, el cumplimiento de pedidos internacionales, la gestión de devoluciones, la adaptación documental a mercados externos, la integración de plataformas de e-commerce, la consolidación de stock regional y la integración de canales físicos y digitales, deben ser impecables. En ese sentido, el auge del comercio electrónico latinoamericano ofrece una base favorable: la región ya muestra crecimiento rápido en los pagos digitales, el desarrollo de plataformas y la expansión de la última milla logística. Las empresas textiles deben capitalizar este impulso para construir hubs logísticos propios que sirvan no solo al mercado regional sino al mundo.

En tercer lugar, para convertirse en referente global es imprescindible que las compañías latinoamericanas ganen visibilidad internacional. Esto significa exportar no solo productos sino marca, valor de marca, storytelling ligado a origen, sostenibilidad y estilo. También implica establecer alianzas globales, participar en ferias internacionales, vincularse con plataformas de retail globales, adquirir capacidades de marketing digital global y entender que los mercados maduros valoran más la autenticidad, la trazabilidad y la sostenibilidad que simplemente precio. Y aquí América Latina tiene una ventaja competitiva: una riqueza cultural, de diseño y de materias primas que puede traducirse en marca global diferenciada, más allá de la fabricación de bajo costo.

En cuarto lugar, la transformación de mercado interno debe acompañar la internacionalización. Si bien la aspiración es global, el desarrollo local no puede ser descuidado. Las empresas deben consolidar presencia regional, fortalecer la experiencia omnicanal (tienda física + digital + móvil), adaptar productos al consumidor latinoamericano más sofisticado y segmentado (marcas prémium, marcas propias locales) tal como lo están haciendo mercados como Argentina, Colombia y México. Una base local robusta facilita la expansión internacional y convierte la región en una plataforma de lanzamiento global.

Finalmente, este posicionamiento de Latinoamérica como referente global del retail para moda, confecciones, calzado y marroquinería no es sólo una oportunidad empresarial, sino también estratégica para la región. Implicaría incrementar valor agregado local, retener parte de la cadena de valor (investigación, diseño, branding, logística), generar empleo de alto nivel, atraer inversión internacional, fortalecer clusters industriales y consolidar una reputación global. Los empresarios que lideren este cambio serán los que dejen de ver su empresa como exportadora de volumen barato para convertirse en marca global.

Para concretar este salto, los desafíos son importantes ya que implica la necesidad de capital para modernizar plantas, la competencia global agresiva, los costos logísticos y de transporte, las barreras comerciales, la necesidad de talento especializado en diseño, digital y logística, así como los riesgos macroeconómicos propios de la región.

Pero la visión está clara: si América Latina apuesta por asumir este rol de “referente”, más que de “mercado emergente”, entonces cada empresa textil, de confección, moda o calzado tiene ante sí la oportunidad de abrirse al mundo desde su territorio con identidad, competitividad y proyección global.
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WGSN / Comunidad Textil

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