Las nuevas condiciones en el mercado de EEUU estimulan las inversiones en A. Latina
La industria textil y de la confección en América Latina está atravesando una etapa estratégica marcada por el avance del nearshoring, impulsado por la necesidad de las marcas de abastecerse más cerca de Estados Unidos y de reducir tiempos, costos y riesgos logísticos. A ello se suma la oportunidad de atender un mercado regional de más de 650 millones de consumidores, lo que posiciona a la región como un eje de inversión cada vez más atractivo.
Es el caso de la compañía Hansae, un grupo coreano con operaciones en Centroamérica, que ha desplegado una estrategia que combina mayor capacidad de producción, automatización e integración vertical. En Nicaragua, su planta de Sébaco sumará 60 nuevas líneas de costura en 2026 y ya opera con sistemas automatizados y una planta de estampado en el mismo complejo, lo que permite añadir procesos de teñido y bordado en el mismo lugar. Esta integración de procesos, tradicionalmente localizada en Asia, comienza a consolidarse en la región, elevando la competitividad local y generando más empleo.
En El Salvador, Hansae abrió una planta con más de 20 líneas y firmó una alianza con operadores locales, atraída por la conectividad logística, el entorno económico en crecimiento y los beneficios del tratado CAFTA-DR, que garantiza acceso preferencial al mercado estadounidense. La modernización de la infraestructura y el reciente clima de mayor seguridad en el país también favorecen esta expansión, creando condiciones para nuevas inversiones sostenibles.
La estrategia se completa con Guatemala, donde Hansae inaugurará en 2026 una planta en el Parque Industrial Michatoya y también mantiene acuerdos con proveedores textiles locales. Estas alianzas fortalecen la integración vertical y consolidan la capacidad regional de ofrecer desde fibras y telas hasta prendas terminadas, una condición clave para competir con Asia y garantizar velocidad y flexibilidad en la cadena de suministro.
Este modelo no solo responde a la demanda de Estados Unidos. La propia América Latina, con su gran población y una clase media en expansión, representa un mercado creciente y con potencial de desarrollo. Así, producir en la región significa atender simultáneamente a los consumidores del norte y a los del sur, abriendo un espacio estratégico para la industria.
El reto será acompañar estas inversiones con políticas que fortalezcan la infraestructura, impulsen la innovación tecnológica y desarrollen el capital humano.
América Latina esta en camino de ser un proveedor estratégico para el mercado estadounidense, en condiciones de aprovechar el dinamismo de su propio consumo interno, configurándose como un motor de crecimiento y un polo de atracción para la manufactura global.
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Sourcing Journal / Comunidad Textil
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