Contenedores de «Ropa amiga» en Catalunya, España, para reciclar ropa usada.

En la transición hacia una economía circular en la industria de la moda, el diseño de las prendas se ha convertido en un factor decisivo para garantizar que las fibras textiles puedan reutilizarse y reciclarse en lugar de terminar en vertederos o incineradoras. Hoy, menos del 1% de los residuos textiles se recicla en nuevas fibras, una cifra que revela la magnitud del desafío. El problema central radica en la heterogeneidad de los materiales: la mayoría de las prendas están hechas con mezclas de fibras —lana con cachemira y poliéster, algodón con viscosa, acrílico combinado con nailon—, una característica que hasta ahora era considerada un valor agregado en el mercado, pero que representa un obstáculo para su recuperación circular.

La primera etapa de ese proceso es la clasificación de la ropa usada, un sistema históricamente sostenido por la reventa de prendas de mayor valor. Sin embargo, el auge de plataformas digitales y el impacto de la moda rápida y ultrarrápida han deteriorado el modelo de negocio tradicional. La ropa de mejor calidad rara vez llega a los centros de clasificación, y la que sí lo hace suele tener un valor cada vez menor. Esto ha puesto contra las cuerdas a empresas recolectoras, que deben financiar con menos ingresos procesos de clasificación más costosos y complejos. La solución parece estar en la automatización: tecnologías como Fibersort, capaz de identificar la composición y el color de cada prenda en segundos, ya están en marcha, aunque la gran pregunta es quién debería costear estas inversiones millonarias.

Imagen del proceso de selección, al comenzar el proceso de reciclado de las prendas en Texaid.

La falta de conexión entre diseño, comercialización y reciclaje es otro de los grandes nudos críticos. A los diseñadores se les exige producir prendas que se vendan rápido, no que sean reciclables. Eso genera lo que los recicladores llaman “sorpresas”: ornamentos, cierres, etiquetas o combinaciones de fibras que hacen imposible reprocesar el material. “La industria ha tardado años en adaptarse a los procesos de reciclaje mecánico y químico. Ahora se le pide que piense en la clasificación y el preprocesamiento automatizados”, resume la británica Cyndi Rhoades, cofundadora de Circle-8 Textile Ecosystems, que proyecta instalar plantas de clasificación automatizada de gran escala en Reino Unido. Estas instalaciones, capaces de procesar 50.000 toneladas de textiles, serían un paso clave para garantizar materia prima apta para reciclaje, pero solo se justificarán si las marcas demandan fibras recicladas en grandes cantidades.

El vínculo entre productores, diseñadores y recicladores se vuelve crucial. Según Tim Cross, de Project Re:Claim, un tercio de la ropa que circula en el mercado ya es reciclable sin cambios, otro tercio podría serlo con modificaciones menores, como usar hilos de la misma composición que la prenda, y el resto requerirá rediseños profundos o nuevas tecnologías. Esta “teoría de los tercios” plantea que la transformación es posible sin esperar a una nueva generación de diseñadores, siempre y cuando haya voluntad de adaptación y políticas que lo incentiven.

La circularidad no es solo un tema de innovación tecnológica, sino también de responsabilidad compartida. La Confederación Europea de Industrias del Reciclaje reclama un cambio sistémico, ya que el valor de la ropa usada dejó de ser suficiente para sostener al sector. Se discute trasladar la carga a los municipios o aplicar medidas de responsabilidad extendida del productor que obliguen a marcas y minoristas a financiar el circuito. En paralelo, la inteligencia artificial y los pasaportes digitales de productos aparecen en el horizonte como herramientas para mejorar la trazabilidad y asegurar que las prendas puedan volver al ciclo productivo.

Mientras tanto, la industria se mueve en un equilibrio frágil entre el ideal del reciclaje textil a textil y soluciones intermedias de infraciclaje, como la producción de aislamientos. La realidad es que el reciclaje químico aún está en etapa incipiente y no será masivo en el corto plazo.

Sin embargo, cada avance en clasificación automatizada y en diseño circular acerca la posibilidad de un sistema en el que las prendas se piensen no sólo para ser usadas, sino también para ser transformadas al final de su vida útil. “La moda del futuro no dependerá únicamente de la creatividad estética, sino de la capacidad de imaginar una segunda vida para cada hilo”, señalan los ambientalistas.
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sportstextiles.com / Comunidad Texil

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