Una reciente nota publicada por The Wall Street Journal Americas, analiza los nuevos vientos que corren para las empresas transnacionales que giran por el mundo en busca de pagar menos por el trabajo. Hoy la Meca parece ser Etiopía y otros países del golpeado Continente Africano. La razón es que los trabajadores etíopes ganan desde US$ 21 al mes, en comparación con los chinos, que cobran entre US$155 y US$ 297.

Colin Browne, responsable de aprovisionamiento de la compañía norteamericana VF Corp

Colin Browne, responsable de aprovisionamiento de la compañía norteamericana VF Corp

Según el periódico, un alto ejecutivo de la industria de la moda se reunió el año pasado en el hotel Radisson Blu de Adís Abeba, Etiopía, con varios de sus principales proveedores de prendas de vestir de Asia. Su propuesta fue: ‘queremos hacer negocios en África’.

“África es una enorme oportunidad para demostrar cómo la industria puede trabajar en conjunto”, señaló Colin Browne, director gerente de oferta de productos y abastecimiento asiático de VF Corp., propietaria de marcas como Lee, Wrangler y Timberland.

El ejecutivo destacó lo que para los fabricantes es una ventaja clave del continente: este es uno de los pocos rincones del mundo donde es posible pasar de la fibra al producto final en un solo lugar.

África es la frontera final del negocio textil mundial, el último continente sin explotar con mano de obra barata y abundante. En Etiopía, los trabajadores de la confección no tienen salario mínimo, en comparación con Bangladesh, donde ganan al menos US$ 67 al mes, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo. El año pasado, según el gobierno etíope, los salarios de los trabajadores textiles del país empezaban aproximadamente en US$ 21 al mes.

La mayoría de los países africanos tienen acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, un beneficio que ahorra dinero a los minoristas. Además, a diferencia de otras economías emergentes como Vietnam y Camboya, muchos de ellos pueden cultivar su propio algodón, lo que acorta el tiempo de producción.

El razonamiento de Browne marca un cambio de mentalidad. Durante más de una década, Asia ha dominado la fabricación de ropa, produciendo prendas de bajo costo con mano de obra barata, que luego distribuye en centros comerciales de todo el mundo.

Trabajadoras de una fábrica de confecciones en las afueras de Adís Abeba, capital de Etiopía

Trabajadoras de una fábrica de confecciones en las afueras de Adís Abeba, capital de Etiopía

En los últimos años, sin embargo, el aumento de los costos de producción en China y varios accidentes fatales en fábricas, como el colapso del edificio de Rana Plaza en Bangladesh hace dos años, han obligado a las empresas de indumentaria a soportar el pago de mayores salarios o buscar alternativas, desde Colombia a Etiopía y Myanmar.

Etiopía fue identificada hace poco como un destino prioritario para las firmas del rubro, según la consultora McKinsey & Co., que encuestó a ejecutivos responsables del abastecimiento de mercaderías. Esta es la primera vez que un país africano fue mencionado como fabricante de ropa junto a Bangladesh, Vietnam y Myanmar.

Varios gigantes de la industria están empezando a derivar su producción a África. VF espera recibir algunos de sus pantalones cosidos en Etiopía este año. PVH Corp., casa matriz de Calvin Klein y Tommy Hilfiger, ha estado fabricando algunas prendas en Kenia desde hace unos cuatro años. Otros que se abastecen en África subsahariana son Wal-Mart Stores Inc., J.C. Penney Co. y Levi Strauss & Co.

Ya sea que África expanda o no su rol como proveedor, estos esfuerzos demuestran hasta qué punto los grandes fabricantes de indumentaria están dispuestos a ir para encontrar nuevas fuentes de producción de bajo costo. Han acostumbrado a los consumidores a esperar una oferta abundante de ropa barata, lo que finalmente ha erosionado los márgenes de compañías como VF y PVH.

“En la economía global, la manufactura ligera está en constante movimiento”, señala Guang Z. Chen, que hasta el mes pasado fue director de Etiopía en el Banco Mundial y ahora está a cargo de varios países de África meridional en dicha organización. “Vemos la posibilidad de que este tipo de industria se aleje de Asia, debido a que el costo de la mano de obra está creciendo rápidamente en China”.

El 1 de enero, cuando muchos países ajustan sus salarios anuales, los trabajadores textiles chinos ganaban entre US$155 y US$297 por mes, indicó la OIT. Estos empleados tienden a ocuparse de la producción más sofisticada, mientras que el corte y la costura básicos van a países con sueldos más bajos.

VF espera acelerar el traslado de su producción a África. Para tratar de convencer a los proveedores se asoció con su mayor rival, PVH. En abril de 2014, ambas empresas invitaron a sus 20 mejores proveedores de países como China, India y Sri Lanka a un viaje de 10 días por África para animarlos a instalar sus fábricas allí. A cambio, les prometieron que harían sus pedidos allí.

Dueños de fábricas y marcas dicen que Etiopía es el lugar más prometedor para el desarrollo de la producción de indumentaria en África. “Desde el punto de vista del gobierno, la mano de obra y la energía, Etiopía parece ser el mejor lugar”, dice M. Raghuraman, director ejecutivo de marketing corporativo y branding de Brandix Lanka Ltd., el mayor exportador de prendas de vestir de Sri Lanka, que está interesado en el potencial de África.

En las afueras de la capital etíope, el gobierno construyó hace poco el parque industrial Bole Lemmi, una obra de US$ 250 millones para uso exclusivo de inversionistas extranjeros de la industria textil. Los hangares gigantescos ocupan tierras donde hasta hace poco se cultivaba cebada, guisantes y tef, un grano local.

La plantas fabriles de Bole Lemmi son de un solo piso, lo cual constituye una mejora de seguridad respecto de las fábricas de varios niveles de Bangladesh, que se han cobrado cientos de vidas en incendios y derrumbes.

En la MAA Garment & Textile Factory en el norte de Etiopía, 1.600 trabajadores hilan algodón, tiñen tela y cosen camisetas, leggings y otros productos básicos para minoristas internacionales como la cadena H&M de Hennes & Maurtiz AB, Tesco PLC, la marca George de Asda Stores Ltd., y la compañía de ropa alemana Kik Textilien & Non-Food GmbH.

“Los inversionistas vienen desde Sri Lanka, Bangladesh, China, India y Turquía”, indica Fassil Tadesse, presidente ejecutivo de Kebire Enterprises, compañía matriz de MAA, y presidente de la Asociación de Fabricantes de Textiles y Ropa de Etiopía.

Hasta el momento, África tiene poca relevancia en la fabricación de prendas de vestir y va a tomar años para que cualquier otro país amenace seriamente a China.

En 2013, según cifras de la Organización Mundial del Comercio, el gigante asiático exportó US$177.000 millones de indumentaria, casi ocho veces más que el tercer exportador, Bangladesh, que tardó 20 años para convertirse en una potencia textil. El segundo de la lista, Italia, exporta un poco más que Bangladesh.

Pero la infraestructura y la logística parecen ser el talón de Aquiles de esa región. Muchos países africanos no tienen carreteras para transportar la ropa terminada, la provisión de energía es escasa, las distancias son enormes y faltan ferrocarriles y aeropuertos. Etiopía, por ejemplo, es un país sin salida al mar. Además, la mano de obra no está capacitada para coser ropa y carece de disciplina laboral. Toda África subsahariana representa menos de 1% de las exportaciones mundiales de prendas.

A pesar de esos obstáculos, algunas compañías no pierden el interés. Les atrae la mano de obra barata y el bajo costo de la energía, que en muchos países es el segundo mayor costo después de los salarios. El gobierno etíope está construyendo un ferrocarril al puerto de la vecina Djibouti para ayudar a que las exportaciones salgan del país con mayor rapidez.
Después de recibir consultas de proveedores que no participaron en el viaje de 2014, VF está planeando otro recorrido por África este año.

William McRaith, director de la cadena de suministro de PVH, habló sobre el potencial de África en una conferencia de la industria el año pasado. “La dinámica de la región es mucho más interesante que la de China” en un punto similar en su desarrollo, aseguró.

Sin duda, ya hay empresas que tomaron sus recaudos y están proyectando grandes negocios inmobiliarios y políticos locales y extranjeros tratando de vender sus conocimientos e influencias en estos países.
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The Wall Street Journal Americas / Comunidad Textil


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